Todos somos discapacitados en algo

Hace algún tiempo leí un artículo en Subpórtica (*) de un antiguo compañero de estudios, escritor, y siempre amigo, Eliseo Bayo, que titulaba “De alguna manera todos los seres humanos somos discapacitados”, y al que complementé con mis propias experiencias y mis propios sentimientos nacidos de no pocos recuerdos vividos a lo largo de treinta años de convivencia con discapacitados intelectuales.

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En efecto, de una manera o de otra “todos somos discapacitados en algo”.

He observado que además de discapacitados físicos, sensoriales, psíquicos, intelectuales, los hay que son discapacitados sociales, emocionales, morales, y deficientemente desarrollados en su propia personalidad.

La discapacidad o minusvalía emocional, por ejemplo, es causa de no pocos problemas que se dan entre las personas que nos tenemos como “personas normales”. Y esta discapacidad o minusvalía emocional no se detecta en muchos casos fácilmente, y sobre todo no se admite fácilmente, originando celos, envidias, sospechas infundadas y agravios inexistentes, tergiversación de la realidad, sensación de no ser estimado y querido según su hipersensibilidad a flor de piel, autodefensas inoportunas e injustificadas a ultranza, desconfianzas hacia los demás, mentiras, etc., etc.

El espíritu “gregario”, en muchos casos “borreguil”, hace que la falta de personalidad sea más común de lo que debería ser. Este espíritu gregario o borreguil no favorece para nada el desarrollo integral de la propia personalidad. Y muchísimo menos de “toda la persona y de todas las personas”. La falta de recursos económicos, por ejemplo, es causa remota, y en ocasiones inmediata, de la falta de posibilidades necesarias para este desarrollo personal. No hay igualdad de oportunidades, al menos a escala global. A veces me pregunto si es posible ese desarrollo de la personalidad en una sociedad de consumo a ultranza, y de un individualismo feroz. Ante lo cual no cabe otra cosa que poner en práctica aquella máxima de “se tú mismo”; y desde ahí, “se tú hacia los demás y con los demás”, pero sin perder “tu norte”. Porque los demás forman parte  necesaria para la formación de la personalidad. La tendencia hacia el individualismo en esta sociedad, impide el desarrollo comunitario intrínseco a la naturaleza humana. Las fuerzas dominantes nos empujan hacia el individualismo y a “consumirnos” a nosotros mismos. Es un caminar contra natura.

Ante lo cual estimular el sentido de la justicia es primordial para salir del atolladero en el que estamos metidos. Sin justicia no puede haber vida íntegra, de todo el hombre y de todos los hombres. Más aún, de todo el hombre en comunión plena con la Naturaleza. Justicia para el Hombre y justicia para la Naturaleza. Para el hombre, haciendo que sean efectivos, para todos, los Derechos Humanos declarados universalmente. Para la naturaleza, logrando su desarrollo de acuerdo con las propias leyes naturales. Porque sin justicia no hay nada estable, y nada que ofrezca una mínima garantía de sobrevivir dignamente. Nada se puede construir sobre la injusticia. La justicia es el único camino para la consecución de la “Salud Humana”. La justicia es anterior al amor, a la caridad. Sin justicia no hay amor. Y sin amor, sin respeto y empatía con los demás, la justicia puede fácilmente tornarse injusta.

Tener respeto y empatía con todos, supone respetar y aceptar las múltiples diferencias y deficiencias con las que podamos encontrarnos con los demás. Sin esta aceptación previa no es posible la promoción integral de todo el hombre y de todos los hombres.

Los discapacitados no lo son totalmente, y Sí somos todos discapacitados en algo. El que reconoce su discapacidad, su limitación, se capacita para el encuentro con el otro, y para la superación de esa discapacidad. Desde mi necesidad camino hacia la solidaridad con todos los demás. Desde mi necesidad abro el camino para la con-pasión. No somos jugadores en un equipo de “estrellas”. Jugar de uno en uno es jugar menos. Jugar con los demás de igual a igual cada uno con sus diferencias, y aportando lo mejor de sí mismo, es ser mucho más. Tan importante es la consecución del fin, como lograr la unión en la consecución de ese fin, aunque se tarde mucho tiempo, aunque no se consiga en un momento histórico concreto. Lograr la unión de personas libres para un fin bueno y común, es ya lograr el fin. Según nos cuenta la Biblia los israelitas anduvieron cuarenta años perdidos por el desierto sin encontrar su “tierra prometida”, pero se encontraron y caminaron como un pueblo libre y unido.

En mi trato diario con los que “oficialmente” tenemos como discapacitados, he podido comprobar que son y están tan próximos, si te acercas a ellos con empatía, y son tan valiosos como lo pueda ser cualquiera. Aportando cada uno lo que es, y siendo aceptado por los demás, se puede caminar muy lejos.

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Por ejemplo, su productividad laboral, una vez colocado cada uno en su puesto adecuado, es tan importante como la de cualquier otro trabajador. Por otra parte su aporte de cariño, de fidelidad, de interés por aprender a hacer las cosas bien, de esfuerzo personal y colectivo, de humanismo…, compensa las limitaciones que cada uno pueda tener. En Centros Ocupacionales y en Centros Especiales de Empleo su aportación de plusvalía es muy considerable. Lo mismo ocurre cuando pasan a la Empresa Normalizada. Lo que ocurre que es mucho más difícil contar con el “diferente” en una sociedad organizada para el “consumismo e individualismo”, donde impera el “sálvese el que pueda, y el que venga detrás que arree”.

Me he preguntado muchas veces si, ¿no podríamos caminar hacia una sociedad en la que ya no haya enemigos, ni adversarios acérrimos, sino compañeros de viaje que busquen la verdad y la justicia? Porque aceptando al otro, damos un paso más hacia la verdad; y a su verdad sumamos la nuestra; y los fallos de todos son más fácilmente depurados y eliminados, aproximándose por consiguiente a la Verdad Común. Siempre debe de haber confrontación de ideas, de pareceres, pero no encontronazos y mucho menos eliminaciones violentas por causa de las ideas; ni de intereses individuales que solo miran el bien propio y no tanto el Bien Común. En un mundo globalizado como el que estamos viviendo, lo que se dice del individuo se dice también de las Sociedades y de los Estados.

La Naturaleza se desarrolla según su propia dialéctica en una constante sucesión de Tesis, Antítesis, y Síntesis. En el hombre ocurre lo mismo, como ocurre igualmente en la historia humana y en el desarrollo de los pueblos.

Para avanzar la humanidad en su desarrollo, tan importante es la Tesis mantenida (“esto es así”), como la Antítesis sostenida (“esto es así, pero puede ser de otra manera”). Ante el modo de pensar y de actuar de un grupo, confronta sus ideas y actuaciones otro grupo. Mediante el diálogo y la discusión noble y sincera se puede llegar a una Síntesis Común. Ambas posturas sumadas, sintetizadas y depuradas nos permiten llegar a una Síntesis (“esto puede ser de otra manera y, consecuentemente será de otra manera”), que siempre será un paso más hacia delante en el devenir de la sociedad. Síntesis, que a su vez, se convertirá, con el transcurrir del tiempo, en nueva Tesis a la que se opondrá otra nueva Antítesis, permitiendo, a su vez,  nueva Síntesis, y así sucesivamente. No hay dogmas, no hay estancamientos, puesto que todo pasa, todo fluye, todo cambia con el tiempo. En eso consiste el progreso del la humanidad como tal humanidad. ¡Cuanto más humano, en profundidad, sea el hombre, la sociedad, la humanidad entera, más divino será el hombre, más “Hombre” será el hombre! ¡A mayor humanidad, mayor divinidad!

Zaragoza, 30 de Agosto de 2013.

Laureano Molina Gómez

Ex Educador de discapacitados Intelectuales

 

Notas:

* Eliseo Bayo en Subpórtica:

http://www.abosque.es/ex/subportica/Articulos/index.htm

Eliseo Bayo Poblador fue compañero de estudios, llamados Humanidades (Bachillerato), en el Seminario Menor de Alcorisa (Teruel); posteriormente realizamos estudios de Filosofía en el Seminario de Zaragoza. Más tarde se hizo periodista de avanzadilla, y siempre escritor y poeta. Por mi parte continué estudiando Teología; fui cinco años cura rural; me hice cura obrero; y terminé siendo educador de discapacitados intelectuales hasta que me jubilé.

-Fotos:https://www.google.es/search?q=discapacitados&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=EqMhUqXNDMWThQfG0IDQDw&sqi=2&ved=0CDoQsAQ&biw=1200&bih=614

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