Origen de pidgin

pidgin_todamax

Existen numerosas evidencias de la existencia a lo largo de la historia de dialecto s auxiliares repartidos por todo el mundo y destinados a aproximar a los hablantes de lenguas diferentes. Estas variedades lingüísticas, llamadas pidgins o pichinglis (véase, como ejemplo, el estudio de Armistead en 1996 sobre el nuevo pichingli canario) comparten características formales e informales, con independencia de su lengua de origen, y muestran una preferencia por los rasgos no marcados de la lengua lexificante . Se caracterizan por su simplificación sintáctica, extensión semántica, distorsión fonética y fonológica y reducción u omisión de la mayoría de los componentes periféricos como la morfología, que es sustituida por la perífrasis.

La mayoría de los pidgins ya han sido descritos. Sin embargo, se echa de menos una explicación satisfactoria del origen de este término por falta de muestras anteriores al siglo XIX. En su artículo de 1979, Hancock realizó un inventario de posibles étimos vinculados a la palabra pidgin. Citaba las aportaciones de Hamp (1977), Kleinecke (1959), Leland (1876), Delgado (1913), Soares (1936), Knowlton (1967), Sayer (1944), Moser, (1969), Pée, (1954?), Winterstein (1908), Loewe (1911), Hassert (1913), Schultze (1933), el Oxford English Dictionary y otros escritores anónimos como intentos varios de justificar el origen de este término tan conocido. Así, pidgin podría derivarse de

  1. la palabra inglesa business pronunciada por hablantes chinos (Leland 1876, Knowlton 1967, Oxford English Dictionary).
  2. el portugués occupaçao -pronunciado como [pa’sau] o [pa’saN]- (Leland 1876, Delgado 1913, Soares 1936), según la interpretación de hablantes ingleses. O bien del portugués pequeno portugues (Moser 1969). Según Pée (1954?), en Paramaribo Sranan la oclusiva velar de pequeno se convierte en una africada palatal sorda [tS], dando como resultado [ptSi] -compárese con la ortografía holandesa de pitjien, y el africaans bietjie-. Esta interpretación es, a nuestro parecer, harto discutible.
  3. de pidian, palabra Yayo de Sudamérica que significa “gente” (Kleinecke 1959), y de la que se piensa que es una alteración ortográfica de “Indian” (indio).
  4. del hebreo pidjom, que significa comercio, negocio (Winterstein 1908).

El cambio fonético de business [‘biznis] a pisin [‘pizin] o pidgin [‘pidZin], en alusión a las variedades del inglés que surgieron en China durante el siglo XVII como resultado del contacto comercial, o en África , en conexión con el tráfico de esclavos, resulta controvertido desde un ángulo fonético, igual que lo es la teoría del deslizamiento del portugués occupaçao (con una sibilante sorda y la nasalización de la segunda –a [pa’saN] hacia pidgin. Por otra parte, el hecho de que creole (“criollo”) se derive de criolho no justifica la derivación de pidgin de occupaçao. Holm (1988) sugiere que pidgin pudiera derivarse del portugués baixo (bajo), para distinguirlo del portugués central o normativo en el imperio asiático. Si así fuera, resultaría más fácil aceptar la palabra portuguesa pixim -escrita también pidjim o pijim-, que quiere decir “mal vestido”. Quienes abogan por el origen monogenético de todas las variedades pidgin, en concreto del portugués, pueden verse satisfechos con esta visión.

Según la Encyclopaedia Britannica, los primeros indios americanos que encontraron los ingleses en el asentamiento de Oyapock, junto a la desembocadura del Orinoco, en el siglo XVII eran una tribu conocida como Pidians; la lengua reducida que emergió de aquel contacto recibió el nombre de “inglés pidian” (compárese con pidgin, o inglés pichano). Obsérvese la similitud de esta expresión con la palabra campechano, habitante de Campeche, en Méjico, cuyo valor semántico en castellano moderno ha cambiado. La evolución de la palabra pidian a pidgin es bastante razonable, ya que en inglés existen casos similares –Arcadian, pronunciada [‘keidZn] y escrita “cajun” erróneamente-, pero esta opción parece cerrada debido a la falta de documentos escritos hasta mediados del siglo XIX, como reconoce Hancock (1979).

El origen judío de la palabra pidgin a partir de pidjom (intercambio, comercio, redención) resulta admisible si se tiene en cuenta el asentamiento de exiliados judíos, tras su expulsión de España. Su presencia en Surinam y Jamaica, sobre todo en el siglo XVIII, justifica la dispersión de la palabra pidjom con su significado original de “comercio” y, por consiguiente, el de “lengua de comercio”.

Aunque la búsqueda de un nuevo origen de la palabra pidgin puede resultar infructuosa, se pueden enlazar otras etimologías con la historia de la navegación y el comercio tras el descubrimiento de América. Sin duda alguna, los marinos portugueses, holandeses e ingleses no fueron los únicos en cruzar los mares y trabar contacto con la población local. Schuchart (1883, citado por Holm 1989: 319) se refirió a los “hablantes de español en Filipinas [que] emplean este ‘español de cocina’ (“kitchen Spanish”) y se adaptan a un modo de hablar intermedio.” La distorsión de “kitchen Spanish” o “Kitchen English” -inglés bárbaro o falsificado- pudo abrir el paso a “pitchen Spanish” y “pitchen English”, con una africada sorda en su forma de origen. W. Retana (1921) describió el verbo pichir (presente indicativo pichen) como “un préstamo del llamado español del Parián de las Filipinas” -lengua simplificada o pidgin– que significa “abreviar”, “comprimir”, posiblemente derivado del catalán espichar, que tal vez usaban los marinos mallorquines o catalanes de la Compañía Española del Tabaco (ver más abajo). La africada palatal sorda /tS/ se justifica como un fenómeno de reducción de la africada prepalatal sonora /dZ/. Aunque el español ya ha perdido la africada sonora, este sonido se mantuvo hasta el siglo XVI en las siguientes combinaciones: g +/e/i/o, y j + a/e/i/o (gentil, mugier, jamás, consejo, oreja), sonido análogo al que contiene la palabra italiana peggio o la inglesa june, e incluso como fricativa prepalatal sonora en viejo, del portugués contemporáneo, o en catalán ajudar (Lapesa 1959:146).

En Hispanoamérica la palabra pechar se empleaba con el significado de pagar pecho (pagar tasas o impuestos, del latín pactare). A principios del siglo XI se empleaba en la Rioja Alta (España ) en su forma arcaica peggare, pronunciada [pe’dZar] o [pe’tSar]. Adviértase la palabra pagar en español moderno. El monje Gonzalo de Berceo (siglo XIII) la utilizó también con el significado de “pagar”: “Pechavanli a duplo el pan que dio mudado” (Milagros de Nuestra Señora). Pecho procede del latín pactum (pacto) y tenía el valor de tributo o impuesto sobre la propiedad que se pagaba al rey o al propietario de la tierra. También equivalía a impuesto individual que se entregaba a la corona o a cualquier sujeto. En el viaje de Sebastián Vizcaíno al Japón (1611) aparece una referencia a la falta de tributación en aquel país:

“No se usa pagar derechos ni alcavalas ni almojarifazgos ni pechos ni millones ansí entre los naturales como los extranjeros que bienen al reino: todos benden libremente y trajinan todo el reino…” (Colección…, 1867, VIII, p. 101 y ss).

sebastian_vizcaino
Sebastián Vizcaíno (1548-1623)

Según Corominas (1854), pechar se decía igualmente en el sentido de “empujar”: “el niño que se columpia sentado en una percha le pide a otro que lo peche”.

Un étimo improbable es la palabra catalana petxina, pequeño molusco parecido a la almeja que se halla en la arena y del que se tienen referencias durante el siglo XIV. La palabra se extendió fácilmente y más tarde quedó incorporada al castellano. La relativa asociación entre pechina y pidgin sólo podría mantenerse por la costumbre entre los nativos de las tierras visitadas por los marinos catalanes y españoles de recoger pechinas, actividad que aún perdura hoy en mucha gente.

Una palabra interesante, habitual en la América española colonial, es pichelingue (pirata de mar), que sugiere la expresión piche lingo o piche lengua. Sin embargo, según Corominas (1954), el término se refería a los piratas holandeses que se refugiaban en la ciudad costera de Vlissingen, en los Países Bajos. La palabra apareció por primera vez a finales del siglo XVI en los dramaturgos Tirso de Molina y Vélez de Guevara. En Portugal se usaba ampliamente; en el diccionario de Vieira (1871-4) aparece como pechelingue y pichelingue. Según Onolin y Bluteau, E. Sluiter (s.f.) confirmó que la corrupción de “Vlissingen” como pichelingue identificaba a los piratas holandeses a finales del siglo XVI, y hacia el siglo XVIII se aplicaba a todos los piratas en general. Gillet (1958) aportó más ejemplos del uso de este término a principios del siglo XVIII. La palabra pechelingue fue llevada entonces a Hispanoamérica. Rodríguez Freyle la utilizó en su relato de la conquista de Nueva Granada en las Indias Occidentales:

“Sonó al principio que con gran número de indios, caribes de los llanos, mulatos, mestizos y negros se intentaba el alzamiento. Tomó más fuerza adelante, diciendo que con ingleses y pechelingues era la liga, y que por vía de la Guayana entraba grande ejército, el cual comenzaba a subir por el río de Casanare para salir de la ciudad de Tunja, porque de ella se les daba el favor: con lo cual se alborotó la tierra” (Rodríguez Freyle, 1636/38:180).

Una nota en la edición de Delgado (1896) de El Carnero, de Rodríguez Freyle, sugiere que pechelingue era una derivación de la expresión inglesa Do you speak English? y estaba relacionada con pirata.

rodriguez_freyle
Juan Rodríguez Freyle (1566-1642)

En 1719 se estableció en Zamboanga (Filipinas) una guarnición de indios o mestizos americanos hispanohablantes, quienes establecieron matrimonio con mujeres filipinas (Holm 1989:319). El término pichelingue podría haber sido utilizado para llamar a los piratas que saqueaban las costas de Filipinas.

Una interpretación más plausible de pidgin podría ser su relación fonética con el inglés pidgeon o el español pichónpichona, apelativo cariñoso dirigido a personas de ambos sexos, especialmente las esclavas criollas. En una transcripción de su presentación verbal en un coloquio sobre lenguas pidgin y criollas celebrado en la Universidad de Hawaii en Manoa, Honolulu, J. P. Balaz (1986) se refirió figuradamente a la etimología de Pidgin como procedente de pidgeon en los términos siguientes:

La historia de pichón

“Como distintas clases de palabras, el mundo estaba lleno de distintas clases de aves: aves amarillas, aves azules, aves rojas, aves del amor -y luego vino el pichón. La historia de pichón es como sigue – Cuando los normandos francohablantes conquistaron Inglaterra en el año diez seis seis, trajeron consigo la palabra pichón, pues esa era la clase de ave. Los residentes anglosajones usaron la palabra paloma, con su ortografía , para aludir a la misma ave. Y sucedió que los términos del francés normando se mezclaron con la estructura oracional del inglés antiguo, formando lo que conocemos por inglés medio. En ese proceso la palabra francesa se convirtió en la que se refería al pichón como comida. Hoy día en Inglaterra, si las buscáis, podéis encontrar recetas de empanada de pichón. Materia en que pensar, ¿eh?” (en Romaine 1994:188).

Pero pichón era una ortografía alternativa de pidgin, según el autor de un artículo que apareció en The Leisure Hour en 1873 (cit. por Todd 1984:258-61). El autor anónimo describe la adición de sufijos a las palabras “para dar eufonía, según su punto de vista, a las palabras de ‘la lengua bárbara’”, igual que hacen las nodrizas inglesas cuando hablan con los niños: “Georgy peorgy will have a ridy pidy in a coachy woachy”. La sufijación con -ee makee, piecee, muchee– era común a todos los pidgins reproducidos en aquella época, muy especialmente en el siglo XIX. Herman Melville recurrió a este convencionalismo para transcribir la jerga hablada por los exóticos habitantes de las islas del Pacífico, justificando su desviación fonética por la presunta dificultad de reproducir correctamente la lengua inglesa.

“At last the wrath of the chief evaporated, and in a few moments he was as placid as ever. Laying his hand upon his breast, he now gave me to understand that his name was “Mehevi”, and that, in return, he wished me to communicate his appellation. I hesitated for an instant, thinking it might be difficult for him to pronounce my real name, and then with the most praiseworthy intentions intimated that I was known as “Tom.” But I could not have made a worse selection; the chief could not master it: “Tommo,”, “Tomma”, “Tommee,”, everything but plain “Tom.” As he persisted in garnishing the word with an additional syllable, I compromised the matter with him at the word “Tommo”; and by the name I went during the entire period of my stay in the valley.”

En otro momento del diálogo, dice Melville:

“Kory-Kory seemed to experience so heartfelt a desire to infuse into our minds proper views on these subjects, that, assisted in his endeavors by the little knowledge of the language we had acquired, he actually succeeded in making us comprehend a considerable part of what he said. To facilitate our correct apprehension of his meaning, he at first condensed his ideas into the samllest possible compass. “Happar keekeeno nuee,” he exclaimed; “nuee, nuee, ki ki kannaka – ah! owle motarkee! which signifies, “Terrible fellows, those Happars! – devour an amazing quantity of men! – Ah, shocking bad!” Thus far he explained himself by a variety of gestures, during the performance of which he would dart out of the house, and point abhorrently towards the Happar valley; running in to us again with a rapidity that showed he was fearful we would lose one part of his meaning before he could complete the other….”

Queequeg -el arponero de los mares del sur-, alertado por la presencia en su cama de Ishmael, el protagonista y único superviviente en Moby Dick, exclama:

“‘Who-e debel you?’ – ‘you no spek-e, dam-me, I kill-e.’ “Speek-e! tell-e me who-ee be, or dam me, I kill-e.” (“¿Quién diablos tú?” – “no hablar, maldito, yo matar.” “Hablar! decirme quién ser o, maldito, yo matar.”)

Al oír los gritos, el posadero entra en la habitación e intenta calmar a Ishmael:

“‘Don’t be afraid now’ … Queequeg here wouldn’t harm a hair of your head….. Queequeg look here – you sabbee me, I sabbee you – this man sleepe you – you sabbee?’ ‘Me sabbee plenty’ – grunted Queequeg, puffin way at his pipe and sitting up in bed. ‘You gettee in,’ he added, motioning to me with his tomahawk.” (“No te asustes” … Queequeg es incapaz de tocarte un solo pelo de la cabeza….. Queequeg, escucha – tú sabe mí, yo sabe tú- este hombre dormir tú – ¿sabe?” “Mí sabe mucho” – gruñó Queequeg, dando una chupada a la pipa y sentándose en la cama. “Tú, adentro,” añadió, señalándome con su tomakawk.)

Más tarde, a bordo del barco, un pasajero se pone a discutir con Queequeg y el capitán le advierte a éste:

“Don’t you know you might have killed that chap?” “Kill-e”, answered Queequeg, “ah! him bevy small-e fish-e; Queequeg no kill-e so small-e fish-e; Queequeg kill-e big whale!” (“¿No te das cuenta de que casi matas a ese tío?’ ‘¿Matar?… ah! él poco pez; Queequeg no matar poco pez; Queequeg matar gran ballena!”)

melville
Herman Melville (1819-1891)

Parecido estereotipo utilizó el humorista americano Leland en su poema “The Pigeon” (1876):
One piecee pidgin makee nest

Top-side one Joss-house up to sky,
One olo hen he wantchee know
What for he pidgin lib so high?
He pidgin talk, ‘You savvy, flin,
Sometim to catchee chow-chow, or
When hawk come t’his side catchee me.”

(en Todd, 1974: 23)

Según esto, no hay que desechar la posibilidad de que speech se convirtiera en speechee, y que la expresión speech English, como expresión recortada en un intento comunicativo poco afortunado, llegara a devenir speech in English. Mülhäusler (1986:1) ha escrito que pidgin pudo nacer en los Mares del Sur como una desviación de beach con la misma sufijación: beachee. El inglés hablado por los chinos también pudo ser una derivación del portugués amestizado traído a los puertos de China en el siglo XVI. En el siglo XVII se incrementó el comercio de los ingleses y favoreció el desarrollo del pidgin preexistente, que resultaba más fácil de emplear que el chino (dialecto de Beijiin-pidgin).

Se da por supuesto que el término pidgin tuvo su origen en Cantón al comenzar el intercambio comercial entre Inglaterra y China. Knowlton (1967:228) (en Romaine 1988:13) relata haber oído a un profesor chino mencionar la palabra pidgin como derivada de pei ts’in (“pagar con dinero”). El patois hablado por ambas comunidades recibió el nombre de pidgin como corrupción de la palabra business, que los chinos pronunciaban como bidjinish. Tal deslizamiento fonético nos parece harto improbable.

La expresión inglesa to pigeon the news significaba “enviar información por medio de un pichón” (registrada por primera vez en 1823, según Farmer y Henley, 1890-1904). Por otro lado, la expresión pidgeon-hearted apareció en un contemporáneo de Shakespeare refiriéndose a una persona tímida: “I never saw such pigeon-hearted people” (John Fletcher, The Pilgrim iii, 4). Los marinos ingleses pudieron haber empleado esta expresión con los nativos de los mares lejanos, poco acostumbrados al contacto con los europeos. Farmer y Henley también recogieron la expresión pitching a tale, contar una historia romántica, alegre o penosa: “If he had had the sense to appeal for help, and pitch them a tale, he might have got off “ (London Herald, 23 Marzo, 222, 2, 1867, en Farmer y Henley 1890).

Otras definiciones y derivaciones de to pitch se pueden ver en Farmer y Henley (1890):

  1. lugar (de venta y entretenimiento): “In consequence of a new Police Regulation “stands” or pitches have been forbidden.” (Mayhew, Lond. Lab., I, xii. 1851-6).
  2. un acto comercial de compra o venta. De ahí, to pitch (o do a pitch) = comerciar: c. 1864. Vance, The Chickaleary Cove, 3: “At Groves ’s you’re safe to make a sure pitch”.
  3. pitch and pay = pagar por transacción (en Blackwell Hall estaba acordado que en cada transacción el propietario pagara un penique por bala de ropa. La frase aparece citada, con ligero cambio semántico, en Mirror for Magistrates (1610, 374): “No creditor did curse me day by day, I used plainnesse, ever pitch and pay.” También en Shakespeare (Henry V, ii, 3): “Let senses rule; the word is ‘Pitch and pay’; trust none”.

Los escritores anglosajones dan por aceptado que pidgin se deriva de una palabra inglesa. Sin embargo, convendría ojear de cerca la historia de la navegación en el Atlántico y el Pacífico por parte de los misioneros, comerciantes y marinos españoles, vascos y catalanes. En 1995 tuvo lugar una ceremonia en Tautira (Tahiti) en conmemoración de la primera misa celebrada el día de Año Nuevo en 1775 por el misionero catalán Jerónimo Clota. El marino vasco Domingo de Bonechea, tras navegar por el pacífico, comisionado por Manuel Amat -virrey del Perú desde 1761- había muerto en la citada isla. Las órdenes que llevaba Bonechea eran “ir en busca de Otahiti, describir la isla, sus habitantes y costumbres, elaborar un vocabulario y trazar un mapa”. Se le pidió que extremase el buen trato hacia los nativos, recogiese datos sobre sus costumbres, rituales y sistema de gobierno y evitase cualquier derramamiento de sangre. Cuando Cook pasó por aquel lugar, los naturales de la región recordaban a los españoles como gentes que se habían ganado su estima y veneración. Bonechea dio nombre a diversas islas, la mayoría de las cuales ya habían sido visitadas por Quirós en 1606.

bonechea
Domingo de Bonechea 1711-1775

Las expediciones de los españoles por el Pacífico durante el siglo XVIII (v. Bernabeu 1992) fueron numerosas y cubrieron extensas zonas. Al principio se vieron empujados por el temor a que los ingleses, que merodeaban la región, levantasen presidios en lugares ocupados por la corona española. El tercer viaje de Cook y las actividades de los rusos en Alaska y el Pacífico septentrional provocaron la puesta en marcha de una serie de viajes de exploración por la marina española, como la realizada por Mateo Abraham en 1743 tras las huellas de la Wager, perdida en el transcurso de la expedición de George Anson a las islas Guayaheco. Por otro lado, los jesuitas montaron nuevas expediciones misioneras a las islas Chiloé, Guaitecas y Kaylin y, más adelante, a las costas de Chile, que recibían frecuentes visitas de los ingleses.

El virrey Manuel d’Amat i Junyent (1761-1776) reforzó las guarniciones militares de Valdivia, Valparaíso y El Callao, y organizó nuevas expediciones para compensar la creciente influencia de los franceses y los ingleses en el Pacífico Sur, cuya actividad, aparentemente científica, podía ocultar intereses políticos y económicos.

amat_junyent
Manuel d’Amat i Junyent. Retrato de Pedro J. Díaz (1773)

Los españoles exploraron la isla de Pascua y tomaron posesión de ella. Amat interpretó la estancia de Cook en Tahiti como un intento de colonizar la isla, lo que motivó la partida inmediata de una fragata, la Santa María Magdalena (El Águila), bajo el mando de Domingo Bonechea, acompañado por los misioneros franciscanos José Amich y Juan Bonamó, a quienes se encargó que hicieran por escrito una descripción de los indígenas y un inventario léxico de su lengua. Tras navegar por varias islas en la ruta de Cook, llegaron a Tahiti, la rebautizaron con el nombre de Isla Amat y recibieron autorización para colonizarla. Durante su segunda expedición a Tahiti, Bonechea fue bien acogido por los nativos y fue entonces cuando celebró la primera misa el 1 de enero de 1775 (v. Barras y Aragón s.f., y Corney 1913-1919).

Nuevas expediciones, como la del marino mallorquín Juan Pérez, tomaron la ruta del Pacífico norte, siguiendo las rutas de los rusos, que andaban en litigio con los comerciantes de pieles ingleses de Cantón en busca del paso noroeste más allá de los 60 grados.

En términos generales, los marinos españoles incrementaron su conocimiento de la geografía y la etnología del Pacífico, así como reafirmaron y ampliaron la soberanía de la Corona sobre el océano. La expedición científica del italiano Malaspina (1789-1794) bajo el pabellón de España contribuyó al conocimiento de las posesiones españolas de ultramar y al trazado de nuevas rutas más favorables para los barcos mercantes y de guerra. Visitaron las Malvinas, las costas de Chile, Panamá, Méjico y el noroeste americano, las islas Marianas, Guam, Filipinas, Macao, Norfolk y Nueva Zelanda, antes de regresar a la costa de Perú y, finalmente, a Cádiz (v. Palau et al. 1984; Higueras 1988).

Pero el evidente interés de los españoles en el Pacífico a partir del siglo XVIII llevó al establecimiento de diversas compañías comerciales, primero entre España y sus colonias de América y luego entre éstas y las Filipinas. En 1784 se fundó la Real Compañía de Filipinas, estableciéndose sucursales y factorías en Manila, Cantón -el puerto preferido de los ingleses para sus transacciones- y Calcuta, así como varias delegaciones en Veracruz, San Sebastián y Madrid. Para evitar enfrentamientos con Francia, Holanda e Inglaterra, las naves de la Compañía tenían que evitar la navegación en el Pacífico tomando la ruta de El Cabo, pero el tráfico transpacífico entre Manila y Méjico siguió siendo intenso, con escalas frecuentes en las islas de la ruta, hasta que fue suprimido en 1915.

El número de contactos personales y lingüísticos entre los navegantes españoles y los habitantes del Pacífico tuvo que ser, obviamente, elevado. A falta de otras explicaciones más satisfactorias sobre el origen del término pidgin, traemos aquí para su discusión nuevas hipótesis de carácter lexicográfico que contribuyan a esclarecer el misterio.

El verbo español pillar (robar, del latín pileare) tenía una pronunciación arcaica de [pi’Zar], que más tarde incluiría la africada prepalatal /dZ/ -compárese con la antigua pronunciación dialectal de urecha (oreja) como [u’retSa]-, antes de transformarse en /j/ o /´/ para representar –ll– (doble l). La lateral prepalatal sonora española /´/ se articulaba en distintas regiones españolas y americanas como africada mediopalatal /Z/: [‘kaZe] (calle), [es’treZa] (estrella) (Lapesa 1959:353-4). Los inmigrantes exportaron los rasgos fonémicos del dialecto andaluz por toda América y no debería sorprendernos la posibilidad de un préstamo léxico y fonético a otras lenguas . Como consecuencia de ello, si la palabra pidgin procede de pillan (robar) o de pillín (ladrón), se emplearía con los isleños del Caribe, el Pacífico o el Lejano Oriente, de quienes se quejaban los marinos españoles de someterles a un constante saqueo y pillaje.

Es este el momento de introducir una hipótesis acerca de la posibilidad de una derivación del pidgin del catalán , una de las cuatro lenguas que se hablan en España y que cubre aproximadamente el área de Cataluña , Valencia y las Islas Baleares.

El nombre pitja posiblemente ha dado origen al verbo pitjar, comparable al portugués pejar (impedir, obstaculizar), del cual se deriva su antónimo despejar, como queda documentado en Moraes (siglo XVI). Hay una derivación portuguesa, pejo, que significa “modestia”, “timidez” (Coromines 1988). Sin embargo, existe un término altamente evocador que puede ir de la mano de pidgin y es la palabra catalana pitxar [pi’tSar] -presente pitxen-, con el significado de “hablar apitxat”, subdialecto del catalán que se oye en la zona occidental de Valencia. Según Sanchis Guarner (1930), apitxat podría derivarse del catalán pitxar [pi’dZar], “apretar” o “comprimir”. El lexicógrafo Coromines (1988) se muestra escéptico sobre este origen y piensa que apitjat es una metátesis de atxibat, es decir, el dialecto que se habla en Xiva dels Serrans y por los habitantes del área que rodea Segorbe, Xiva, Xeste, y Tous. Este dialecto local, o subdialecto, se caracteriza por la pérdida de sonoridad de la africada prepalatal /dZ/ (escrita tj o j) -así pitxen [‘pitSen]- y de la fricativa alveolar /z/ (escrita s o z ante consonante). Asimismo, la fricativa labiodental /v/ se transforma en fricativa bilabial /B/ o en oclusiva dental sonora /b/; todas las schwas átonas se convierten en /a/ abierta, como en español . La causa de este cambio se atribuye al intenso contacto con el castellano durante los siglos XV y XVI. Tanto si apitxar proviene de apitxat como de atxibat resulta aquí irrelevante, pero podemos detectar la presencia de un fenómeno de simplificación fonética, es decir, la elección por parte del hablante de fonemas no marcados.

Macabich (1909) tropezó con la palabra pitjar, en el sentido de “apretar”, “acosar”, en un relato ibicenco de 1739, donde lógicamente se habla una variedad del catalán :

“Aplegant-se amb sa barca d’En Andreu Nicolau, pitjaren derrera ses des pirates … un ping i un londre … alcançaren es buc caporal des pirates i e-hi entraren … s’en dugueren es londre de remolc i …”.

Nuevamente Corominas (1988) piensa que pitjar (“apretar”, “comprimir”) corresponde a la palabra medieval pi(t)ja [‘pidZa] (“lazo”, “unión”), documentada a finales del siglo XIII.

Otro vocablo que aparece en español y que se puede enlazar fonéticamente con pidgin es trapiche (latín trapetes, “molino”) y su derivación trapicheo (compraventa y manojeos poco claros), que ha dado paso al popular verbo trapichear, con su pronunciación dialectal [trapi’tSar]. La pérdida del grupo no silábico inicial tr es factible en el habla descuidada y se puede especular acerca de la proximidad de esta voz al inglés pitch (véase arriba). Trapacear (“engañar”, “mentir”), que pertenece a la misma familia, implica una estrategia fácilmente observable en el comercio deshonesto.

Concluyendo, y a pesar del intento de Dingxu Shi (1992) por aclarar el problema del origen de pidgin, seguimos dudando de su derivación del chino o del portugués porque fonéticamente es insostenible. Por contra, su génesis del catalán apitxen o apitxan, viene apoyado por la existencia de una versión dialectal de esta lengua que reduce algunos de los rasgos estándar, como ocurre con la mayoría de las variedades pidgin. No se han encontrado referencias en cuanto a este origen, pero las actividades marítimas de los navegantes españoles, catalanes o mallorquines nos hacen sospechar que la palabra pidgin puede haber salido del Mediterráneo. Dejamos el espacio abierto a futuros investigadores para que centren su atención en el catalán como lengua lexificante en lo que concierne a pidgin.

Referencias

Anónimo (1968). Vitalité du Pidgin. Présence Áfricain, LXVIII:205-7.
Armistead, Samuel G. (1996). Pichingli. An English-Spanish pidgin from the Canary Islands . Journal of Pidgin and Creole Languages, 11(1): 85-97.
Barras y Aragón, F. de las (n.d.). España en la Polinesia oriental 1770-1775. Boletín de la Real Sociedad Geográfica 81:631-83; 82:52-140.
Bernabeu, Salvador (1992). El Pacífico ilustrado. Del lago español a las grandes expediciones. Madrid: Fundación Mapfre.
Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de América y Oceanía. Madrid , 1867, 8:101 ff.
Corney, B. Glanville (1913-1919). The Quest and Occupation of Tahiti by Emissaries of Spain during the years 1772-1776. 3 vols. London.
Corominas, J. (1954). Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana. Madrid: Gredos.
Coromines, J. (1988). Diccionari Etimològic i Complementari de la Llengua Catalana. Barcelona: Curial Edicions Catalanes-Caixa de Pensions.
Delgado, S. R. (1913). Influencia do vocabulario portugues em llinguas asiáticas. Coimbra : 114.
Encyclopaedia Britannica.
Farmer, J. S. & Henley, W. E. (1890-1904). Slang and Its Analogues (facsímil, Arno Press 1970).
Gillet, J.E. (1958), Coromina’s Diccionario Critico Etimológico: an Appreciation with Suggested Additions. Hisp.anic R.eview, XXVI: 261-95.
Gran Enciclopedia Catalana (GEC).Vol. 2. (1981).
Hamp, P. (1977). A note on ‘pidgin’. Language in Society, VI:389-90.
Hancock, I. F. (1979). On the origins of the term pidgin. En Hancock, I. F. et al. (eds) (1979). Readings in Creole Studies (pp 81-8). Ghent : E. Story-Scientia.
Hassert, K. E. (1913). Allgemeine Verkehrsgeographie: 432.
Higueras, D. (1988). La expedición Malaspina 1789-1794. Una empresa de la Ilustración española. In Martínez Shaw, C. (Ed.). El Pacífico Español de Magallanes a Malaspina (p. 147). Barcelona .
Holm, J. A. (1988). Pidgins and Creoles. Vol. I. Theory and Structure. Cambridge : C.U.P.
Kleinecke, D. (1959). An etymology for ‘Pidgin’. International Journal of American Linguistics, XXV:271-2.
Knowlton, E. C. (1976). Pidgin English and Portuguese. En F. S. Drake (Ed.). Proceedings of the Symposium on Historical, Archaelogical and Linguistic Studies on Southern China , South-East Asia and the Hong Kong Region (pp. 228-37). Hong Kong University Press.
Lapesa, R. (1959). HIstoria de la lengua española. Madrid: Escelicer.
Leland, C. G. (1876). Pidgin English Sing-song: London : Trübner, pp. 119-39.
Loewe, H. (1911). Die Sprachen der Juden. Cologne : Jüdischer Verlaag:159.
Macabich, I. (1909). Es Feudalisme a Eivissa. Barcelona:51.
Moll, Francesc De B. et al. (1969). Diccionari Catalá-Valenciá-Balear. Tom VIII. Barcelona .
Moser, G. M. (1969). Áfrican Literature in Portuguese: the first written, the last discovered. Áfrican Forum, II, 4:78-96.
Mülhäusler, P. (1986). Pidgin and Creole Linguistics. Oxford : B. Blackwell.
Oxford English Dictionary.
Palau , M. et al. (1984). Diario de viaje de Alejandro Malaspina. Madrid.
Pée, W. (1954?). De klanken van het Neger-Engels. Het Neger-Engels von Suriname: 52-64.
Retana, W (1921). Diccionario de filipinismos, con la revisión de lo que al respecto lleva publicado la Real Academia Española. En Révue Hispanique. LI:149.
Rodríguez Freile, J. (1636/1638) El carnero. Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada. En Delgado, J. (Ed.). Madrid : Historia 16.
Romaine, S. (1988). Pidgin and Creole Languages. London : Longman.
Romaine, S. (1994). An Introduction to Sociolinguistics. Oxford : Oxford University Press.
Sanchis Guarner, M. (1930). Gramática valenciana. València: Torres.
Sayer, E. (1944). Pidgin English. Toronto .
Schuchart, H. (1883). Kreolische Studien. IV. Ueber das Malaiospanishen der Philipinnen. Sitzurgsberichte der Kaiserlichen Akademie der Wissenschaften zu Wien 105, 1:111-50.
Schultze, E. (1933). Die Sklaven- und Dienersprachen. Sociologus, IX:389-418.
Shi, Dingxu. (1992). Short note on the etymology of pidgin.Journal of Pidgin and Creole Languages, 7, 2:343–7.
Sluiter, E. (f.d.). Hisp. Amer. Hist. Rev., XXIV:683-98.
Soares, A. X. (1936). Portuguese vocables in Asiatic Languages. Baroda .
Todd, L. (1974). Pidgins and Creoles. London : Routledge & Kegan Paul.
Todd, L. (1984), Modern Englishes. Pidgins & Creoles. Oxford: Blackwell.
Vieira, D. (1871-4), Grande Diccionario Portugues (5 vols.). Lisboa.
Winterstein, F. (1908). Die Verkehrs-Sprachen der Erde. Berlin : Diesterweg Verlag: 24.

Artículos relacionados de Etnolingüística