Navidad 1945. Pueblo y religión

“Dos catequistas recuerdo especialmente. La primera, la recuerdo porque nos traía figuritas de mazapán y barritas de guirlache de la fábrica que había en Híjar, que era de su familia, los Sorribas. Pero el cariño que nos mostraba era más dulce que el turrón que nos daba. Ella nos contaba los primeros relatos de la Historia Sagrada. En su instrucción religiosa había dos momentos especiales: la Navidad y la Semana Santa”.

“La Navidad era de reflexiones infantiles, de amistades, de buenos sentimientos hacia los demás niños, y sobre todo eran sentimientos maternales por una parte y filiales por otra. Las palabras Belén, turrón, villancicos, las “estrenas”, el “cabu-d´año”, constituían el eje principal de nuestras motivaciones infantiles. En aquellos tiempos de “racionamiento” (años 40), todo era muy sencillo, muy simple, muy pobre. Solo había tres turrones: el mazapán, el jijona, y el duro o de Alicante. Lo demás eran nueces, almendras, higos secos, orejones, mandarinas, manzanas y uvas guardadas bajo tierra y depositadas entre paja, y algunas castañas.

La familia, los amigos, la escuela, era lo principal. En eso se basaba, para nosotros, el universo entero”.

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‘Mirando a lo alto’ (L Molina G.). Albalate del Arzobispo (Teruel)

“La otra catequista era la Señora Josefa (“La Guarda”). Esta constituyó para mí como una segunda madre, amiga, consejera, y duró mucho más tiempo”.

“Además de la catequesis iniciamos con ella nuestro comienzo en el teatro. Cuantas obritas hicimos para nuestra diversión, nuestra formación, y entretenimiento de los demás. Se hacía mucho teatro por aquel entonces, tanto los mayores como los chicos. No exigía ningún coste económico. Solamente requería nuestro esfuerzo y nuestro trabajo en grupo. Creo que la diversión era plenamente interactiva. Parece ser que ahora se vuelve hacia aquello, aunque con medios y escenarios más ampliados: dances, mercados medievales, los Amantes de Teruel, los Caballeros del Cid, etc…. Todo el pueblo participaba en la confección de los decorados, en la prestación de ropajes antiguos sacados de los viejos baúles, y en todo caso con su asistencia a las distintas representaciones teatrales. Era el pueblo construyendo y creando su ocio”. (1)

Más adelante, cuando yo estaba en el último curso de Teología en el Seminario de Zaragoza (1962), creí que debía tener un detalle con la que había sido mi catequista más querida, y le regalé una Biblia dedicándosela con un cariño especial por mi parte.

Cuando la recibió por correo, lo primero que hizo fue ir al Párroco D. Alejandro, todo contenta ella, a decirle que yo le había regalado una Biblia. Fue con toda la ilusión del mundo. El Cura tomó la Biblia en sus manos, y sin abrirla, le respondió con un ¡Bah! El ejemplar en cuestión era el editado en aquel entonces por la Editorial BAC. Luego le espetó: “Usted no está preparada para leer la Biblia”.

Toda compungida me escribió al seminario contándome lo sucedido. Inmediatamente le respondí con un documento del Papa Juan XXIII en el que venía a decir que “la Biblia es el documento de máxima autoridad espiritual para un cristiano”. “Todos debemos leer la Santa Biblia”. En la carta le decía muchas más cosas animándola a leer la Biblia a pesar del “desplante” del Párroco.

Le recordé, por ejemplo, cuando el Cura Alejandro ante un grupo de fieles se jactó de la promesa que hizo al salir del Seminario: “Jamás volveré a comprarme un libro”. “Ya he leído bastante”.

Personalmente tuve un incidente con este hombre en una sesión del Coro Parroquial mientras estábamos ensayando el canto de una pieza musical. Estaban por tanto delante los hombres y mujeres del coro. Yo estudiaba teología. Había ingresado en el seminario con cuatro cursos de solfeo dados por el Maestro Gazulla en Albalate.  Además pertenecía a un Curso en el Seminario cuyos componentes éramos especialmente sensibles y preparados para la música. El Sacerdote no aceptó mi punto de vista, que a mi modo de ver era más técnico. Se enfadó, e impuso su “ocurrencia musical”. Yo me tuve que callar por prudencia y respeto a él y a los demás componentes del coro.

En aquellos tiempos era muy importante la actitud del Cura con respecto a la formación en general, y en particular a la formación cristiana. En este aspecto el Cura era fundamental.

Estoy convencido que Albalate, y en este sentido de formación e instrucción de la conciencia, no ha tenido mucha suerte con sus curas. Y ello deja una profunda huella en las gentes.

El que realmente hizo esfuerzo por la instrucción religiosa, moral y cívica, a mi modo de entender, y dicho con todo respeto hacia los demás curas, fue D. Francisco Artal Luesma.

Este hombre se percató del problema que los albalatinos teníamos con respecto a nuestra formación religiosa, y durante mucho tiempo estuvo instruyendo con sus charlas durante la celebración de sus Misas. Él estaba solo y no podía alargar la Misa mucho tiempo. La gente tenía que trabajar en una economía de subsistencia en la que estábamos entonces, y por otra parte de la Misa no entendíamos nada. Era en latín, y de espaldas al pueblo. Pero su deseo de instruir fue más grande que la dificultad que tenía. Domingos y festivos decía tres misas: al amanecer, a las diez horas y a las doce del medio día.

Por lo que colocó altavoces en la iglesia y en la torre, y mediante la reproducción de lo gravado en un magnetófono, la gente escuchaba sus “conferencias”. Únicamente y desde la sacristía una persona encargada para ello hacía enmudecer el magnetófono durante el instante de la Consagración. La charla se reanudaba de inmediato. Y así durante algunos años. Naturalmente hizo más actividades para la formación de las gentes. Fue la época en la que florecieron las vocaciones para ingresar en el Seminario Eclesiástico de la Diócesis de Zaragoza. De ello doy fe personalmente.

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Grupo de Seminaristas en 1956

Recuerdo que tomó gran fuerza la actividad de los “Despertadores”. De madrugada, antes de rayar el alba, el grupo de hombres de la parroquia, llamado también los “Rosarieros”, cogían sus linternas acristaladas dentro de las cuales una vela encendida iluminaba el recorrido. De trecho en trecho se paraban, y en corro comenzaban a cantar cánticos religiosos acordes con el tiempo litúrgico. El sonido de una campana grande portátil manejada por el responsable del grupo penetraba por las rendijas de puertas y ventanas, llamando a las gentes para que acudieran a la Santa Misa antes de que cada uno se dirigiera a la recolección de las principales cosechas durante el año. Ello se hacía “todos los Domingos y Fiestas de Guardar”. Más de una vez quise tener esa experiencia matutina, y acompañé a aquel grupo de hombres madrugadores. A continuación íbamos a la iglesia en la que yo ayudaba al Sacerdote en la Misa siendo monaguillo, y cuando tocaba mi turno.

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Joaquín Laudo, Manolo el Sacristán, y Laureano Molina

A tal punto llegó el entusiasmo de las gentes que siguieron al Párroco en una empresa para aquellos tiempos poco corriente al menos en Aragón. Se les propuso erigir un gran monumento al Sagrado Corazón de Jesús por suscripción y colaboración popular como siempre se ha hecho a través de la Historia de la Iglesia.

La gente “aplastada” por la interminable Guerra Civil Española y por la escasez de alimentos debido a que el resto del mundo se enzarzó en otra Gran Guerra Mundial, vio en la construcción del monumento una ocasión para autoafirmarse, y elevar su autoestima como pueblo. Siempre ha sido así. Las gentes aportan sus escasos recursos económicos y su tiempo en forma de peonadas para construir ermitas, iglesias, catedrales, y obras de arte en general. Todo ello hecho con la ilusión de ser ellos mismos. Otra cosa es quien se ha apropiado de los bienes realizados, cómo se han administrado, y donde han ido a parar al final de los años, y quien ha “usurpado” ese derecho de propiedad según caprichos personales y partidarios.

Y llegó el gran día, un 24 de Septiembre de 1948. El monumento del Sagrado Corazón de Jesús desde la Torre del Castillo Mudéjar con los brazos abiertos indicando que acogía a todos sus fieles de Albalate, se alzaba erguido de cara al pueblo. Fue un delirio equiparable al que vivieron otras gentes como El Villar de los Navarros, y la Ciudad de Tudela, por citar unos ejemplos cercanos.

Pero la historia de los monumentos al Corazón de Jesús es grande y extensa. Desde el “Cerro de los Ángeles” (Villaverde-Bajo-Getafe-Madrid) al Tibidabo (Barcelona). Desde Santiago del Teide (Tenerife), Bollillos del Condado en Huelva, a Bilbao, al Monte Urgull en San Sebastián, a Cangas de Onís (Asturias), Santander, etc. Y desde México a  la Ciudad de Río de Janeiro en Brasil. En todos estos lugares y en otros muchos más erigieron sus monumentos “cívico-religiosos” al Sagrado Corazón de Jesús.

Nuestros nombres figuran en el interior de la gran piedra que tiene como base.

Pero no todo fue unánime consenso. Empezamos a oír las primeras “canciones protesta”, lógicamente clandestinas, como la que decía:

“¡Ay que tío! ¡Ay que tío!

Lo han puesto de culo al río”

Y es que si bien daba la cara al pueblo, la espalda daba hacia el río.

El 9 de Septiembre de 1958 un rayo durante una tormenta le partió los dos brazos a la gran imagen.

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Recolecta para la restauración de la imagen (1959)

Muchos colaboramos en su restauración. Y hoy en día se encuentra el monumento en un extremo del Monte Calvario de cara al pueblo y también de cara al río. La restauración del Castillo impuso el cambio de lugar de la imagen, no sin reticencia de muchos, pero sí aceptada posteriormente por todos. Tenemos un hermoso Castillo y un extraordinario monumento.

El 3 de octubre de 1954, Año Santo Mariano, hubo una gran peregrinación al Santuario de Ntra. Sra. de los Arcos de los pueblos: Híjar, Jatiel, Alloza, La Puebla de Híjar, Andorra, Ariño, Azaila, Oliete, Vinaceite, Urrea de Gaén, Almochuel, Samper de Calanda, Castelnou, Lécera y Albalate del Arzobispo.

Albalate estrenó su propio “Rosario de Cristal”, también por suscripción popular. Todas las casas tenían su propio farol. Las más pudientes tenían varios faroles.

Como contrapartida fue decayendo  la costumbre del toque de tambores y bombos durante la Semana Santa. Mosén Francisco no estaba muy de acuerdo con aquel “ruido folclórico” de los tambores. Pienso que él se negaba en su interior a que los tambores “formaran parte” de las Celebraciones Litúrgicas Religiosas. No quiso, o no supo incorporar los tambores a esas celebraciones. Tambores y bombos que, por otra parte, estaban muy arraigados en nuestras costumbres, y con cuyos toques y ritmos las gentes expresaban sus sentimientos.

Solamente con la llegada como Párroco del Cura Roberto, que provenía de Calanda, volvió a incrementarse el tradicional toque de los tambores. Roberto sacó su tambor y cundió el ejemplo. Hasta hoy.

¿Se podría decir que a mayor formación religiosa, menor uso del folclore en la liturgia? ¿Pensaba eso D. Francisco? No lo sé.

En todo caso, y desde la perspectiva actual, pienso que a mayor libertad, más riqueza en la manifestación de los sentimientos de las gentes. Mi visión en este punto es la que expreso en mi relato “Tambores y bombos” publicado en la Revista Valdoria, Nº 32 del mes de Agosto de 2006. También puede verse el Internet www.etnógrafo.com Etnografía.

Fuera de ese período ya no ha habido otro esfuerzo tan serio para la formación de la “conciencia cristiana” en Albalate. Naturalmente todo ello según mi criterio. Todos fuimos producto y consecuencia del ambiente imperante, el de la post guerra. La responsabilidad en todo caso habría que ponerla en aquellos que por autoridad tenían influencia sobre nosotros. En nuestras mentes se abría un paréntesis que no desaparecería plenamente hasta la celebración del Concilio Vaticano II. Y en todo caso hasta que comenzó la Transición Política en España.

Albalate fue una de las primeras parroquias que implantó la megafonía para mejor entendimiento con las gentes. La Parroquia fue pionera en ello. Téngase en cuenta que estamos hablando de un período de tiempo que comenzó a partir del año 1948. Los altavoces en la iglesia y en la torre de la misma fueron un acontecimiento.

¡“Cómo no vas a escuchar al Cura si su voz se te mete por la chimenea”! Era lo que comentaba un vecino de mi calle.

No entro a juzgar el pensamiento o ideología de Mosén Francisco que lógicamente coincidía plenamente con la ideología política dominante, la del Franquismo. La “política” era más fuerte que el “espíritu del Evangelio”. Entonces no nos fue tan fácil discernir entre Política y Evangelio. Aquella nos era impuesta. Éste nos era prácticamente desconocido.

De estas circunstancias se derivan no pocos inconvenientes actuales para la comprensión entre padres e hijos. Y no digamos entre abuelos y nietos. Esta esquizofrenia familiar hace que vaya avanzando cada vez más la secularización ciudadana. “Los tiempos cambian, las personas también deben cambiar. Únicamente no cambian, los animales”.

Albalate, como otros muchos pueblos, necesita más esfuerzo cultural en todos los sentidos. Desde el punto de vista cristiano mucho más. Es necesaria una visión cristiana más acorde con los tiempos y con el Evangelio. El Evangelio debe de ser leído individualmente, personalmente, como algo propio. No conformarse con lo que otros puedan decirnos al respecto. El Evangelio ha de ser leído con libertad, limpieza de corazón y con responsabilidad en las conclusiones que cada uno debe de sacar personalmente. Y ello no tiene nada que ver con el Poder Político, ni con el Poder Religioso. Tiene que ver con la propia conciencia y con la personal experiencia de la fe.

Hay que mirar hacia “lo alto”, sin dejar de mirar hacia “nuestro lado”, hacia nuestro próximo. A más altura de miras, más profundidad en nuestras relaciones de solidaridad con nuestros vecinos.


(1) Sacado de SUBPORTICA. Revista Electrónica del Curso 1951-1952 del Seminario de Alcorisa (Teruel): “El Dios de mi pequeña historia”, de Laureano Molina Gómez).

Zaragoza, diciembre de 2007

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