Lenguas en Aragón

El 22 de diciembre de 2009, las Cortes de Aragón, presididas por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la Chunta Aragonesista, aprobaron una ley para la protección y promoción de las lenguas propias de Aragón: castellano, aragonés y catalán. El primer acto formal fue la creación de un Consejo Superior de las Lenguas de Aragón del que formaron parte quince personas nombradas por el presidente del mismo, a su vez asignado a dedo, a propuesta de las Cortes, el gobierno aragonés y la universidad de Zaragoza. La fusión de estos tres estamentos confería a la ley un carácter democrático y escrupulosamente académico, teniendo en cuenta un factor importante: la presencia de profesores y expertos en Filología Catalana en la Universidad de Zaragoza y otros estamentos con influencia en la toma de decisiones.

El 9 de mayo de 2013, las mismas Cortes, con hegemonía parlamentaria del Partido Popular (PP) y el Partido Aragonés Regionalista (PAR), emplearon parecida argumentación para disolver el Consejo, derogar la ley precedente y aprobar una nueva ley de “uso, protección y promoción de las lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón” citadas con los acrónimos LAPAO (Lengua Aragonesa Propia del Aragón Oriental), y LAPAPI (Lengua Aragonesa Propia del Aragón Pirenaico). A diferencia del caso anterior, el texto de la ley no considera el castellano o el catalán como lenguas aragonesas, sino lenguas exógenas que se hablan en Aragón (como sería el caso del árabe magrebí o el lituano).

Ambas facciones consideran ilegítima o imperialista la acción de sus oponentes políticos y no han escatimado esfuerzos para denigrarse mutuamente, buscando asistencias dialécticas allá donde las han ofrecido y haciendo un alarde de armamento ideológico y verbal en su peculiar batalla de la lengua a la aragonesa.

Por añadir un poco de leña al fuego, el número de hablantes aragoneses de aragonés (que incluye todas las fablas) no supera los 10.000 (la mayoría residentes generacionales), y los 30.000 de catalán (la mayoría residentes oriundos de Cataluña), cifras inferiores a las de usuarios de lenguaje de signos, a quienes, inexplicablemente, se considera discapacitados por ser sordos y cuyas reivindicaciones siguen sin ser tenidas en cuenta, o los 1,400.000 hablantes de castellano, claramente hegemónico.

Hay muchas cosas que no encajan. Entre ellas, la etérea distinción entre lenguas de Aragón y lenguas en Aragón. Lo único evidente es la enorme tensión despertada por la rapacidad de los políticos de todas las facciones, capaces de buscar alimento en un muladar.

La repartición dialectal de la tradicionalmente llamada Romania es un asunto de mucha enjundia, y en Aragón con más motivo. A poco que se escarbe en la historia lingüística de un país, región, valle o sierra, villa o villorrio, pronto se descubre la imposibilidad de hallar una lengua generada ex ovo en un momento concreto de la historia y perpetuada a través de los siglos. Así que lo que para unos es una especie de sermo plebeius derivado del catalán –el chapurriau de la franja-, para otros es aragonés y para los catalanes catalán puro y duro.

El desarrollo de la lengua escrita ha combatido la indecisión y la falta de unidad de criterio, buscando la estabilidad a base de convertir el código en norma y regular su uso social y universal mediante la acción política. El contacto lingüístico se convierte así en un marcador étnico, propio de las variantes locales,  regionales o fronterizas, que suelen estar llenas de arcaísmos o préstamos. De este modo, lo que no es normativo no es puro, sino incorrecto y desechable, excepto cuando se hacen inventarios con carácter etnográfico, que habitualmente despiden un tufillo nostálgico y alejado de la realidad actual. Como ha venido ocurriendo con el aragonés, cuya hechura definitiva –fonológica, ortográfica, léxica, sintáctica-, a pesar de las leyes, seguirá siendo imprecisa.


*Este escrito fue publicado, con ligeras variantes, en las páginas de “Opinión” de Levante-EMV de Valencia el 1 de junio de 2013.

Artículos relacionados de Etnolingüística