La fragmentación de la masonería española

Emilio García Gómez, Director del Gabinete de Estudios Masónicos, Javier Giménez Carpintero, Presidente del Club Levante 50

(Este documento es uno de los que circularon en 1995 para intentar acabar con el cisma que aquejaba a las distintas logias y obediencias de la Francmasonería española)

El fraccionamiento de la francmasonería española, motivado por complejos movimientos no del todo exentos de rivalidad personal, impide retejer las estructuras fósiles de la orden y reprimir el elemento de irracionalidad que viene dominándola.

1. Se ha perdido la unidad institucional; la introducción de distintas obediencias (vocablo que arrastra una pesada carga semántica de sumisión pastoral) conduce a la imposición de severas restricciones a sus miembros tomando como base la regularidad y la exclusividad. El efecto resultante en nuestro país es que las facciones enfrentadas presumen actuar con un sello de legitimidad en virtud de sus cartas patentes, que en ocasiones se utilizan como patentes de corso, ignorando los intereses generales de la familia masónica. Las variantes rituales -algunas como resultado de una pedestre traducción de los originales franceses o ingleses- hacen incluso difícil identificar los trabajos de numerosas logias como procedentes de un tronco común.

2. Se está perdiendo la unidad estratégica; las decisiones que adoptan las respectivas obediencias y sus logias chocan frontalmente con los intereses de la familia masónica, que tiene derecho a exigir el cumplimiento de las Constituciones y la coordinación de objetivos.

3. Se confunde unidad institucional -concepto doctrinal que hay que preservar- con unidad territorial. Los distintos episodios centralizadores de la francmasonería española no han redundado en beneficio de la gestión de una única Gran Logia y un respetable Supremo Consejo del Grado 33, sino que han desencadenado la lucha por el gran poder, el control de las logias y el uso y usufructo, por parte de unos cuantos pillos, de las aportaciones individuales conocidas como capitaciones y troncos de la viuda, así como del capital social, alejando a los disidentes y recurriendo a cooperadores marioneta que les ayuden a afilar el vértice de la pirámide. La solicitud de concesión de pasaportes o acreditaciones, libramiento de diplomas de pase a los distintos grados, entrega de planchas de quite (documentos de aceptación de baja honorable o pase a sueños), emisión de recibos con membrete y sello por cuotas de adscripción, apertura de expedientes y constitución de tribunales y gabinetes de defensa con arreglo a la ley masónica cuando fueran necesarios, han sido trámites administrativos frecuentemente ignorados, a pesar de la obligación y el derecho de todo masón a poseer sus señas de identidad y a reclamar transparencia administrativa. El producto final es el descenso en el número de logias libres asociadas y el incremento de logias salvajes que vagan sin rumbo y sin vínculos conocidos.

4. Se está perdiendo la unidad litúrgica, ya que, a lo largo de los tiempos, se han introducido en los distintos rituales de los tres primeros grados profundas variantes -algunas como resultado de una pedestre traducción de los originales franceses o ingleses- que hacen difícil identificar los trabajos de numerosas logias como procedentes de un tronco común.

5. Se están debilitando los principios morales que han configurado la francmasonería especulativa desde su fundación en el siglo XVIII. Las innumerables planchas de protesta que han circulado internamente son prueba de la sistemática violación de los principios de libertad, igualdad, fraternidad y tolerancia mediante intimidaciones y decretos de suspensión e irradiación firmados por quienes creían ostentar el derecho a instrumentarlos, sin posibilidad de defensa para los afectados. Como consecuencia de ello, se ha incrementado el rencor, el infundio y la sospecha dirigidos contra los hermanos adscritos a otras obediencias, o contra quienes han sido inhabilitados para el trabajo masónico, e incluso contra aquellos que comparten las herramientas del mismo taller, y se percibe claramente entre los miembros más decanos, y muy especialmente en las denominadas obediencias irregulares, el deseo de mantener la actual separación y el rechazo a todo tipo de iniciativa encaminada a reducir las distancias mediante tácticas de autocomplacencia, vertido de amenazas o imposición de condiciones inasumibles, basándose en las tropelías cometidas por unos y por otros.

6. No es ético iniciar a los profanos que lo solicitan y mantenerles desinformados respecto de la verdadera situación de la francmasonería en el Estado español, dada la incoherencia entre los principios jurados y la práctica diaria de los mismos por parte de quienes más obligados están a respetarlos y hacerlos respetar. Los guardianes del templo, únicos responsables del desgobierno, viven en la ilusión, intentando enmascarar los hechos con declaraciones públicas de normalidad, fecundidad y crecimiento estratégico -véase, como acto innecesario de propaganda, la lista de 500 “masones universales”, entre los cuales figuran Mario Moreno, “Cantinflas”, Ramón Cabrera, “el tigre del Maestrazgo” y Joseph Guillotin, “inventor de la guillotina”, que publica la Gran Logia de España (GLE) desde su página web-, cuando ya es notorio que la institución corre grave peligro de extinción por falta de armonía, inapetencia crónica, fuga de militantes -con el consiguiente abatimiento de columnas, o cierre de talleres-, miedo a la expresión de la disidencia y confusión. La impresión general es que la masonería española ha dejado de ser una honorable y compacta agrupación de hombres libres aficionados a la filosofía esotérica post-renacentista y unidos por los ideales de la Ilustración, y se ha convertido en una secta en descomposición.

7. Se halla muy extendida la creencia en la conspiración de las logias inglesas de nuestra costa mediterránea para convertir la GLE en el zapato de la Gran Logia Unida de Inglaterra. Teniendo en cuenta las normas que guían a esta última, que rechaza la subordinación a cualquier Supremo Consejo y, al mismo tiempo, reclama autoridad sobre las logias de su jurisdicción y sobre los tres primeros grados, es contradictorio e inverosímil que trate de ejercer ningún tipo de control sobre las logias que actúan bajo jurisdicción de la GLE; en todo caso se limita a admitir o rechazar las peticiones de reconocimiento masónico que le llegan de distintos lugares del mundo por parte de Grandes Logias de nueva fundación. Que los masones ingleses, alemanes o suizos residentes en España sean capaces de mantenerse en pie en su trabajo y encuentren vasallos que les sirvan de enlace con la GLE, de la que dependen, con el fin de obtener respuesta a sus peticiones, no va en detrimento de su imagen, sino que pone en evidencia la desequilibrada naturaleza de las logias españolas y de sus organismos superiores. Quienes siguen creyendo, no obstante, en la doctrina secreta de la masonería como motor de la historia moderna saben que la única forma de evitar la partición y la disolución de la orden en el Estado español es la reconciliación y la reunificación sin condiciones previas ni exclusiones, sentándose a parlamentar sin adoptar posturas monopolistas y excluyentes, agotando positivamente todas las propuestas para encontrar una alternativa funcional a la actual situación antes de sentar los cimientos de una arquitectura sólida y estable, y abriendo las puertas al reconocimiento universal de los resultados.

Reunificación de la FM. Propuestas

Todos los masones activos, en sueños o en suspensión, deben negociar sin requisitos previos en cuanto a la representatividad inter/intra-logias, ni por la situación de sus respectivas obediencias o Grandes Logias, ni por la configuración del Supremo Consejo del Grado 33. El objetivo que se persigue no es el asentamiento de otra obediencia ni otro Supremo Consejo, sino la reconstrucción de la masonería en el Estado español sobre una nueva piedra angular. Bastaría con acreditar la condición de hermano en cualquiera de sus tres primeros grados para obtener el derecho de asistencia a la asamblea de reunificación, sin riesgo alguno para la salvaguardia de los misterios de la orden. Durante la misma, en la que deberían hallarse observadores de las Grandes Logias europeas, no se podrían tomar decisiones que coartasen la libertad de asistencia y permanencia, y cabría esperar de la buena voluntad de los hermanos la no adopción a priori de actitudes astringentes. De llegarse a unos acuerdos globales, podrían iniciarse negociaciones encaminadas exclusivamente a la reunificación a múltiples niveles, permitiéndose, no obstante, la discusión sobre el carácter orgánico o federal de la nueva estructura administrativa y la subsiguiente adopción de los dos ritos consolidados, reconocidos y practicados por las potencias masónicas más significativas en el ámbito internacional: el Rito de Emulación y el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, con sus respectivas y legales derivaciones.

Finalizada la tenida de reunificación, en sucesivas convocatorias y en un plazo razonable, podrían presentarse propuestas para la consolidación de las bases convenientemente discutidas y negociadas en la primera asamblea. Transcurrido este período, habría que convocar a todos los hermanos masones a una tenida general de reagruación en la que se procedería a votar las propuestas firmes, la fijación del organigrama administrativo, el nombramiento democrático del gobierno de la Gran Logia o Grandes Logias, la estabilización del Supremo Consejo del Grado 33 y, finalmente, la regulación y normalización de la actividad de todas las logias que busquen su amparo, tratando de encontrar una salida para la masonería mixta y femenina.

Todo proceso de regeneración que no siga este procedimiento no es fiable; cualquier promesa de recompensa o advertencia de penalización anunciada por cualquier masón, sea cual sea el cargo que ocupe y vaya o no remachada por un matasellos con el logotipo más radiante, nunca recibirá de forma duradera el soporte de los auténticos pilares de la masonería: los aprendices, los compañeros y los maestros. Las llamadas luces de las logias y de las Grandes Logias deben depositar sus joyas en el oriente y facilitar el retejido de las estructuras fósiles de la institución divulgando similares manifiestos de concordia entre los miembros más débiles -los hermanos aprendices y compañeros-, y poniendo a prueba, como auténticos masones conjurados para mantener “el honor y la virtud por encima de las ventajas exteriores del rango o de la fortuna”, su capacidad para el olvido y su sincero deseo de que al fin se restaure la paz, la verdad, la fraternidad y la honestidad.

 

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