La catástrofe de Aberfan

Emilio García Gómez

50 aniversario de la tragedia de Aberfan

Gales no es un país cómodo para quien procede del sol y de la sequía. Desde mi llegada al valle de Rhondda a finales de agosto de 1965, apenas vi el sol hasta el mes de abril del año siguiente. Gales es una región especial. La lengua hegemónica casi siempre ha sido el inglés, abriéndose paso a codazos con la lengua natural, el galés, un dialecto de la familia céltica de extremada complejidad que, en las últimas décadas, va saliendo de su declive. Algunos topónimos parecen impronunciables: Llantrissent, Aberystwith, Llanhilleth, Caerphilly, Trecenyd, Treorchy. No podemos ignorar el nombre impronunciable (para los no hablantes de galés) de Llanfair al completo, con su correspondiente transcripción fonética [IPA]:

Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch
[ˌɬan.vai̯r.pʊɬˌɡwɪn.ɡɪɬ.ɡɔˌɡɛr.əˌχwɪrnˌdrɔ.bʊɬˌɬan.təˌsɪl.jɔˌɡɔ.ɡɔˈɡoːχ]

Hay rincones que resaltan por sus reminiscencias románicas: Castellan, Castell Coch, Castell-y-Bere.

 

Gales, sobre el Canal de Bristol. En verde, Rhondda Cynon (Condado de Glamorgan)

Los habitantes del valle de Rhondda (en realidad Rhondda agrupa varios valles) se han dedicado tradicionalmente a la extracción del carbón, a la industria auxiliar y a los servicios. La ciudad comercial más próxima a Cardiff –la capital de Gales- es Pontypridd, a pocos kilómetros de Porth. Allí acudían los jóvenes los sábados por la tarde para ir al cine, hacer algunas compras o simplemente huir del aburrimiento. En los años sesenta, los domingos todo el país quedaba clausurado, excepto las iglesias. El poco entretenimiento audiovisual que proporcionaba la BBC se reducía a plúmbeos servicios religiosos. El ambiente dominante era de trabajo, ahorro y austeridad. Los viernes y los sábados por la tarde se abrían los pubs para acoger a los trabajadores industriales con sus esposas y los jóvenes mayores de dieciocho años, que se resarcían de su fastidio cotidiano bebiendo sin pausa enormes vasos de cerveza al abrigo de la estufa de carbón. A las diez y media de la noche el camarero tocaba una estridente campana al grito de “last orders” o “last drinks”, ofreciendo a los clientes la última oportunidad de comprar más bebidas alcohólicas, tras la cual se cerraba la barra y sólo se permitía consumir lo que quedase en las mesas.

Interior del cine White Palace de Pontypridd. Posteriormente fue derribado

John Ford, en ¡Qué verde era mi valle! (How Green Was my Valley!) retrató con crudo realismo la vida proletaria de los mineros y de sus familias. Aunque sus escenas en blanco y negro fueron rodadas en unos estudios de cartón-piedra levantados en Malibú (California), reconozco en ellas perfectamente los rincones de las pequeñas poblaciones que salpican los valles de Rhondda, las calles flanqueadas, frente a frente, por hileras interminables de casas adosadas de dos o tres plantas, con muros enlucidos de mortero o de ladrillo rojizo y tejados de pizarra.

Escena de “¡Qué verde era mi valle!” (1941)

Las laderas de las montañas que circundaban la región durante mi estancia estaban cubiertas de lodos negros, restos de la extracción del carbón, o por una manta verde de hierbas, árboles y arbustos a cuyo pie corría un río de aguas grises. Cuando no llovía, se desplomaba una niebla espesa y húmeda, convirtiendo el paisaje en un recinto hermético y silencioso, propicio para la angustia, el misterio y los espectros.

En mayo de 1965, pocos meses antes de mi llegada a Porth, hubo una explosión de gas metano en la mina Cambrian, cercana a Tonypandy, que barrió 300 metros de túneles y acabó con la vida de 31 mineros. Las causas del desastre fueron la mala ventilación y un inadecuado sistema de mantenimiento, a lo que se añadió la acumulación de monóxido de carbono. El drama sacudió la pequeña ciudad de Tonypandy.

La mina Cambrian de Tonypandy

Los habitantes de Tonypandy desfilan en silencio por la calle principal

El 21 de octubre de 1966, poco después de marcharme de aquella zona, un temporal de lluvias provocó un corrimiento de residuos acumulados por la extracción de carbón en la mina de Merthyr Vale, aplastando a 144 personas -116 escolares y 28 adultos- en el pueblo de Aberfan, a pocos kilómetros de Porth.

Abajo, imágenes de la tragedia

Los niños acababan de entonar el himno anglicano All Things Bright and Beautiful (Todas las cosas radiantes y hermosas) en su habitual asamblea matinal:

All things bright and beautiful,
All creatures great and small,
All things wise and wonderful:
The Lord God made them all.
Each little flow’r that opens,
Each little bird that sings,
He made their glowing colors,
He made their tiny wings.
The purple-headed mountains,
The river running by,
The sunset and the morning
That brightens up the sky.
The cold wind in the winter,
The pleasant summer sun,
The ripe fruits in the garden,
He made them every one.
The tall trees in the greenwood,
The meadows where we play,
The rushes by the water,
To gather every day.
He gave us eyes to see them,
And lips that we might tell
How great is God Almighty,
Who has made all things well.

(versión española)
Todas las cosas brillantes y hermosas,
Todas las criaturas grandes y pequeñas,
Todas las cosas sabias y maravillosas,
El señor Dios las hizo todas.
Cada pequeña flor que se abre,
Cada pequeño pájaro que canta,
Él hizo sus colores intensos,
Él hizo sus alas minúsculas.
El hombre rico en su castillo,
El hombre pobre en su puerta,
Él los hizo, altos o bajos,
Y estableció su jerarquía.
Las cimas de púrpura,
El río que fluye,
La puesta del sol y la mañana
Que iluminan el cielo.
El viento frío en el invierno,
El sol agradable del verano,
Las frutas maduras en el jardín,
Él lo hizo todo:
Los árboles altos en el verde bosque,
Los prados donde jugamos,
Los juncos junto al agua,
Recolectados a diario;
Él nos dio ojos para verlos,
Y labios que puedan decir,
Qué grande es Dios Todopoderoso,
Que ha hecho todas las cosas bien.

Última foto de una de las clases engullidas por los lodos

No todas las cosas se hicieron bien en los últimos 10 años de explotación de la mina, ni tampoco aquella mañana, en la que fallaron los sistemas de alerta ante lo que se avecinaba. La tragedia se ensañó con los confiados vecinos de Aberfan. Hoy, transcurridos 50 años, los supervivientes y los familiares de los difuntos se reúnen para recordar la tragedia y verbalizar su ira y su frustración. Todavía acusan a la prensa de convertirles en víctimas de su propia avaricia, incansables ante la reivindicación de responsabilidades y suculentas demandas de indemnización. Sin embargo, los pobres galeses del valle de Merthyr no se pierden en el pozo negro de la historia. La BBC programó para estas fechas importantes eventos y el Wales Millenium Centre de Cardiff acogía un concierto extraordinario –Cantata Memoria: For the Children/Er Mwyn y Plant– a cargo de la orquesta de Gales, un coro mixto de 150 componentes y otro de 116 niños –el mismo número que el de los escolares engullidos por la montaña de Aberfan.

Cuando terminaron de sonar los últimos acordes, los habitantes del valle, de regreso a casa, siguieron sin poder apartar de si las sombras de sus muertos.

Sheila Waiting. Fotografía de I.C. Rapoport

*Las imágenes que aparecen en este artículo han sido obtenidas de H.M. Stationary Office, a partir de los informes oficiales que se realizaron sobre la catástrofe. El documento completo puede descargarse (22,9 Mb) de http://www.mineaccidents.com.au/uploads/aberfan-report-original.pdf

La foto “Sheila Waiting”, del fotógrafo norteamericano L.C. Rapoport, forma parte de sus tres magníficos ensayos ilustrados sobre Aberfan: http://icrapoport.com/series/aberfan/

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21 de octubre de 2016

 

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