Inversión en lengua inglesa

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Se acerca el fin de curso y arranca el ciclo de vacaciones escolares en Irlanda, Inglaterra o Estados Unidos. El objetivo es aprender inglés en cuatro semanas. En pocas situaciones se plantea qué aspectos de la lengua se busca alcanzar: la gramática (estructura del idioma), la expresión y la comprensión, pasando por la necesidad de manejar adecuadamente los sonidos, el acento y el conocimiento del país de destino.

Pero la inversión familiar en tiempos de recesión y el esfuerzo pedagógico no son necesariamente compatibles con las metas a conseguir. Todavía no se ha llegado a conocer la alquimia de ese proceso tan complejo llamado aprendizaje de un segundo idioma –sea el inglés, el japonés o el urdu- en un contexto no natural del aprendiz. Lo único que se sabe es que no existen atajos para aprender lenguas en tiempo récord.

Muchos estudios académicos se basan en las necesidades comunicativas de los hablantes a partir del desarrollo de la experiencia y la interacción social. Por ello se organizan campamentos y estancias en el extranjero que permiten a los estudiantes integrarse en una mini-célula social, al menos teóricamente, huyendo de los ambientes en los que el grupo simplemente se traslada de un país a otro, como en el caso de los escolares que, sin dejar de hablar su propio idioma, viajan juntos, se alojan juntos, comen juntos y juntos disfrutan de la vida durante unas semanas.

Se ha pretendido descubrir en el habla de un estudiante de idioma extranjero el desarrollo de un proceso de hibridización que da paso a una nueva variedad de lengua no coincidente con el sistema en desarrollo de un hablante natural. Los errores que comete aquél coinciden a veces con los de éste último, prueba de que estaría aplicando una norma provisional o transitoria. En esta fase se observa la transferencia de reglas de la lengua materna a la extranjera, es decir, se emplea un cómodo utensilio: la analogía, que permite ajustar la deficiencia normativa y la persistente variabilidad a la necesidad comunicativa. La estrategia de un niño nativo con su habla es esencialmente comunicar sus mensajes, mientras que el objetivo de un adolescente o un adulto no nativo es aprender a hacerlo. Pero cometer errores no es malo; forma parte del aprendizaje.

Es difícil acordar el cómo y para qué se ha de aprender el inglés u otro idioma; si se trata de hacerlo para satisfacer una necesidad inmediata –para lo cual nacieron métodos como el “Urgent English”- o por razones sociales, comerciales, profesionales o educativas. Da pena observar a los últimos jefes de gobierno españoles -Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero- en sus contactos internacionales, esclavos de su propio desinterés en aprender la lengua inglesa.

Brevemente podemos citar una serie de factores que pueden ayudar a los estudiantes de inglés a ejercitarse en el idioma:

1) Una actitud favorable hacia él, hacia el pueblo que lo habla y su cultura.

2) Una motivación integradora (deseo de aprender la lengua para poder comunicarse con los nativos de esa lengua) e instrumental (rentable para el mundo laboral). Se estima que el interés por la lengua extranjera puede ser un factor desencadenante de su aprendizaje.

3) Edad justa: cuanto más joven, más fácil, sin que hacerse mayor sea factor inhabilitante, ya que entonces se emplean estrategias complementarias de aprendizaje.

4) La aptitud para aprender un idioma es universal en la especie humana. Todos tenemos programado genéticamente un mecanismo de adquisición de la lengua que se activa en un momento concreto y temprano de la vida y que permite a los nativos del idioma afirmar qué es y qué no es gramatical, algo que escapa a los aprendices no nativos. Esta variable puede verse afectada por el entorno socio-cultural, la inteligencia, la memoria a corto y largo plazo, la personalidad (autoestima y decisión a la hora de asumir riesgos, o miedo a cometer errores) y el desarrollo de destrezas cognitivas. La única limitación es una grave discapacidad física o la falta de socialización, extremo que sólo se produce en ferales. Los sordos o los ciegos, lógicamente, tienen plena capacidad para el desarrollo del lenguaje. Sea el tagalo o el lakota.

5) Interacción positiva entre el alumno y su entorno.

Nuestra escuela” –escribía hace unos años un modesto profesor de Sri Lanka llamado Podinilame- “se halla en un lugar difícil donde no hay medios de ninguna clase. A veces saco a los alumnos del colegio y les hago escribir cartas en la arena. Algunos niños no pueden comprarse cuadernos. Tenemos que enseñar en condiciones extremas.”

Me imagino al maestro sentado mansamente en una duna, rodeado de un avispero de niños de pelo negro y ojos hambrientos, señalando con un junco a un pescador de piernas vacilantes y escribiendo en la arena con un dedo: “Here comes the fisherman, the old fisherman…”

Viendo las miserias de Podinilame, irse a un país anglófono a aprender inglés puede ser un buen premio de fin de curso, una puerta abierta al mundo o una oportunidad perdida. O un desperdicio.

23 de mayo de 2010

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