El abuelo y el zarzal

“Y la tarde ya apardea”. “Ya se pone el sol nuestro amo”. Era la canción que los trabajadores del campo cantaban al terminar su jornada “de sol a sol”. El toque de final del trabajo lo daba la propia naturaleza. Como el toque de comienzo lo marcaba el canto del gallo. El abuelo tardaba en llegar a casa y su esposa se inquietaba. El sol hacía rato que se había ocultado tras la ermita del Calvario.

Y es que el abuelo estaba ya avanzado en años, y muy trabajado. Además su vista le fallaba cada vez más a causa de las cataratas que avanzaban irremisiblemente. El problema se le agravaba al fallar la luz del día.

Pero él se negaba a dejar de cuidar la tierra que tantos bienes le había dispensado. Por eso todos los días iba a la huerta de “Las Pasaderas” donde se entretenía quitando las malas hierbas, repartiendo el agua según hacía falta, y comiendo algún que otro higo que las viejas higueras le daban. La higuera que  recuerda, en parte, la reminiscencia de la “cultura de los sentidos” que los árabes nos habían dejado a su paso por España.

Pero veamos en qué escenario se desarrollaba la pequeña historia que deseo relatar.

Albalate del Arzobispo es una villa de la provincia de Teruel y a 148´3 Km. de la capital. Situada en el pie de monte de la sierra de Arcos, en el valle del río Martín, a 342 m . de altitud, su temperatura media anual es de 13´9º. La precipitación anual son 376 Mm .

albalate_arzobispo
Albalate del Arzobispo (Teruel). Foto: Emilio García Gómez. Noviembre 2007

En 1900, Albalate tenía 4.220 habitantes. (1) Pero la época a la que nos estamos refiriendo son los años cuarenta, y en concreto nos centramos en el año 1944. Prácticamente recién acabada la Guerra Civil Española.

Según datos de ese mismo año, 1944,  los actores en escena ascendíamos a 4.054 h. de hecho y 4.367 h. de derecho. Las carreteras de salida al resto de España se encaminaban hacia Cortes de Aragón, Hijar, Lécera y Alcorisa. Los pueblos limítrofes son: Ariño, Andorra, Urrea de Gaén y Lécera. Albalate producía especialmente cereales, aceite de oliva, legumbres, azafrán, frutas, hortalizas y vino; maderas de pino; cría de ganado lanar y cabrío. “Hay caza y pesca”, nos dice el “Anuario General de España”. El Alcalde era D. Julián Gasco; su secretario D. José Tomás; el Juez municipal, D. Pedro Clavería; y el Fiscal D. Román Escosa. Nuestros maestros: Dña. Presentación Mur, D. Gabriel Benages, D. Manuel Zaragoza y cuatro vacantes que fueron ocupadas posteriormente por D. Ricardo Pérez, y D. Manuel Pina. (2) Las otras dos vacantes eran suplidas por las Hermanas de Santa Ana.

Había un maestro más que era D. Román García Gárate, nacido en 1878, estaba jubilado y seguía contribuyendo a la formación de algunos chicos privadamente. D. Román que había ocupado el puesto de Alcalde durante los años 1924-1926, fue una de las figuras más destacadas intelectualmente y moralmente desde el comienzo del S.XX. Había comenzado su magisterio en el año 1921. Publicó la “Guía General de Aragón, Navarra, Soria y Logroño” en 1924. (3)

roman_garcia
Román García Gárate (1966)

La Parroquia, Ntra. Señora de la Asunción, estaba también vacante puesto que su párroco, D. Agustín, había sido trasladado a la del Portillo de Zaragoza. La atendían los Coadjutores: D. Luis Baquedano, y D. Baldomero Baquedano. Posteriormente se incorporó D. Francisco Artal Luesma como párroco. (4)

Los cosecheros de aceite más fuertes eran: Bernad (Antonio), Bernad (Isabel), Esponera (Rafael), Garralaga (Vda. de Cipriano), Gil (Pedro), Lacambra (Felipe), Rivera (Consuelo), Rivera (José), Rivera (Patrocinio), y Ruiz (Santiago). José Serón era el transportista, y los maestros albañoles: Blesa (Vicente), Gascón (Mariano), Gil (Andrés), José del Río y Cristóbal Vidal. El alpargatero del pueblo era Miguel del Río; y los farmacéuticos, D. Juan Adán y D. Antonio Albalate. Los titulares de la Salud: D. Gregorio Gimeno, D. Felipe Lacambra y D. Enrique Pina. Eran ayudados por el Practicante D. Miguel Sancho.

Las panaderías eran las de la Vda. de M. Grac, Francisco Izuel, Antonio Velilla y Luis Velilla. Es curioso que en 1944, vivían 75 albalatinos en El Batán (a 10 Kms. de la población); 48, en El Cajero; 55 en La Collada; 37 en El Muro; 15 en El Radiguero; 14 en San Cristóbal; 106 en Torreros del Puente; 16 en Val de Ferreros; y 6 en la Zarza.(5)

Constituían pequeños enclaves en plena naturaleza. Posiblemente eran parte de los que abandonaron el pueblo ante los bombardeos en la guerra y se refugiaron en el monte; o que desde antiguo cultivaban porciones de tierra considerables, y que por estar alejados de la población hacían más aconsejable vivir en la propia explotación agrícola; la economía de subsistencia en la que vivíamos, no les permitía volver al núcleo de la población. Quizás eran los que mas posibilidades tenían de comer “pan blanco” amasado y cocido por ellos. El racionamiento de los alimentos escasos estaba a la orden del día. En ocasiones el único pan que comíamos era el de “trigo centeno”, el integral con salvado, y el amasado con harina de maíz. Las farinetas (gachas), las migas (para aprovechar el pan seco), las sardinas de cubo (saladas), las olivas, tomates fritos y pimientos, estaban a la orden del día. Por eso cuando se mataba el cerdo constituía una fiesta, en la que se invitaba a los familiares, a los más allegados o vecinos, que se ayudaban mutuamente en tales faenas, y se ofrecía “el plato” en reconocimiento de su labor al médico, practicante, maestros, sacerdotes, etc. El “plato” estaba compuesto por morcillas, chorizos, asaduras, algo de lomo, bolas, y un trozo del espinazo para el cocido: el jamón se daría más tarde cuando ya estuviese curado. Era la cortesía de la gente sencilla y trabajadora para con sus autoridades.

Decíamos pues, y antes de que la noche se echara encima, mi madre y el tío Francisco fueron a la huerta a buscar al abuelo. Se extrañaron al no verlo en los bancales, lo buscaron por los ribazos, y al fin lo encontraron caído en un pequeño brazal de riego envuelto por zarzas llenas de espinas. Con la fal (hoz) fueron cortando las zarzas hasta liberarlo. ¡Qué hombre! Estuvo pacientemente esperando a que lo rescataran de aquella prisión. No veía hacia donde moverse y cuanto más se movía más se le clavaban las espinas. Ni una sola queja. Ni una sola maldición. Ningún juramento. Rezó, confió en Dios, y en sus hijos. Cuando llegó a casa, aquel hombre estaba echo un “Cristo”. Más de una semana tardaron en desaparecer los arañazos recibidos.

Creo que a partir de este momento el abuelo dejó de salir a los campos. Se jubiló por imperativo biológico. Mi madre, mi tío, la tía Prudencia y la tía Carmen decidieron que ya era suficiente lo que este hombre había dado por su familia y por todos los suyos. A partir de este momento el abuelo se subía al solanar y allí seguía trabajando rallando panizo. (Desgranando las pinochas secas del maíz). También le recuerdo desgranando judías secadas al sol sobre cañizos. Siempre estaba haciendo algo. “Cuando yo volvía del la escuela por la tarde, me cogía mi pan y olivas y me subía a hacer compañía al abuelo. ¡Cuantas cosas me enseñaba! “Era como la clase de repaso que el abuelo me daba.”(6) El abuelo era para mí la figura paterna que me faltaba, puesto que mi padre estaba exiliado en Burdeos por causa de haber perdido la guerra. Mi padre estuvo “en el bando equivocado”, o “en el bando justo y legal”, según quien lo mire. Por eso mi madre, mi hermana y yo vivíamos con los abuelos.

Quiero concluir este relato con lo que a mi parecer podríamos resumir lo que el abuelo Remigio y la abuela Eulalia habían inculcado a sus hijos. Estos eran sus principios:

– Responsabilidad en el trabajo.

– Honradez.

– Ser libres con la verdad por delante.

– Cumplidores de la palabra dada.

– Fe en Dios y en las personas.

– Solidaridad con el prójimo.

– Austeridad.

– Ser reflexivos.

– Saber sufrir en silencio.

_____

(1) Gran Enciclopedia Aragonesa. (Unali, S.L. 1980. Tomo I)

(2) Anuario General de España. (Bailly-Baillière-Riera. 1944. Tomo IV).

(3) De Ilusiones y Tragedias, Historia de Albalate del Arzobispo. (José Manuel Pina Piquer. Edita Ayuntamiento de Albalate del Arzobispo, 2001.

(4) Anuario G. E. (Bailly-Baillière-Riera. 1944.

(5) Ibíd. 1944.

(6) El Dios de mi pequeña historia. L.M.G. Subpórtica. Curso 1951-1952. Ex alumnos del Seminario de Alcorisa (Teruel).

(Zaragoza, Marzo de 2006).

Artículos relacionados de Etnografía de la memoria