El Seminario de Salzburgo

Por Emilio García Gómez

Antiguo grabado del Schloss Leopoldskron. Fuente: Universität Salzburg

La otra cara de Salzburgo

En 1982 se cumplían 35 años de la creación del Seminario de Estudios Americanos en la ciudad austriaca de Salzburgo. Esta singular Fundación, prácticamente desconocida aun en ámbitos universitarios norteamericanos, inició sus actividades en 1947, ofreciendo ininterrumpidamente cursos especializados a investigadores de todo el mundo.

Las distintas sesiones se han venido celebrando en el Schloss Leopoldskron, palacio rococó construido a orillas de un lago a mediados del s. XVIII por el Arzobispo Leopold Anton Freiherr von Firmian (1679-1744), que se destacó, además de por su amor a las artes, por expulsar de la diócesis a 22.000 protestantes, lo que causó cuantiosos perjuicios a la economía de la ciudad.

El Arzobispo Leopold Anton Freiherr von Firmian (1679-1744)

Sucesivamente el Schloss fue destinado a hotel y a residencia de Luis I de Baviera, ilustre amante de una aventurera irlandesa, Maria Dolores Eliza Rosanna Gilbert, nacida en Limerick y más conocida por su nombre artístico Lola Montez y por su insaciable apetito por los hombres, a quienes pronto abandonaba.

Lola Montez, por Joseph Karl Stieler-1847

En 1918, el edificio fue adquirido por el actor y director de teatro Max Reinhardt, que reformó su interior mediante la adición de una sala veneciana recubierta de espejos y dorados, y de una biblioteca, a imitación de la Stiftsbibliothek de la abadía suiza de St. Gallen.

Biblioteca del palacio Leopoldskron

Los nazis confiscaron el edificio durante la Segunda Guerra Mundial con la excusa de ser propiedad de un judío. Una bomba arrojada por la aviación americana causó ligeros desperfectos en la fachada sur.

En 1947, por extraños avatares de la vida, ex-alumnos de la universidad de Harvard alquilaron el Schloss, junto con el edificio adyacente -el Meierhof, o aposentos del administrador- para promover el estudio de lo americano, previendo la articulación  de una corriente librepensadora mediante la participación y la comunicación.

Meierhof

Al terminar la II Guerra Mundial, los tres fundadores del Seminario de Estudios Americanos de Salzburgo – un licenciado universitario austríaco,  Clemens Heller, el estudiante Richard Campbell y un joven profesor inglés, Scott Elledge- convirtieron el palacio y sus anexos en “el plan Marshall de la mente”, adonde acudirían ciudadanos y pensadores de los dos mundos opuestos de la época: el comunista y el no comunista.

Los tres fundadores del Seminario de Salzburgo en 1947: Clemens Heller, Richard Campbell y Scott Elledge

En 1965 se rodaron allí algunas escenas de la película The Sound of Music.

Julie Andrews de espaldas al lago

Actualmente, en 2014, el edificio principal se ha convertido en un hotel de lujo, aunque el resto del equipamiento se ofrece para la organización de encuentros político-culturales.

Fachada del palacio Leopoldskron

Schloss Leopoldskron junto al lago Leopoldskroner Weiher. Al fondo, el castillo de Salzburgo

Es posible que el Seminario de Salzburgo –que hoy se llama “Seminario Global de Salzburgo”- haya perdido la lozanía de sus primeras etapas. Releyendo las memorias del infortunado F.O. Matthiessen, antiguo huésped del Schloss y pionero del Seminario, donde dio unas conferencias (V. From the Heart of Europe, 1948), resulta fácil deducir que las otrora apasionadas defensas de lo propio, lo de casa, se han convertido en pequeñas escaramuzas intelectuales, superadas prontamente por ese espíritu de sportmanship  de cuño anglosajón. Matthiessen abogó por la hibridación de las culturas, alertando a su país de la inercia imperante y abogando por un socialismo democrático.

Francis Otto Matthiessen

Selección de aspirantes

No hay nación tan expuesta al escrutinio público como los Estados Unidos. Excepto en épocas críticas, sacudidas por ramalazos patrióticos y xenófobos, la historia contemporánea de ese país es una verdadera constelación de actitudes contrarias al hermetismo administrativo.

Pero la proverbial libertad de hurgar en los asuntos públicos se ve frenada por el derecho -raramente vulnerado- a proteger las fuentes de información. Durante mi estancia en el Schloss en abril de 1982, solicité una entrevista con el director del Seminario, Peter Georgas, ex combatiente de la guerra de Corea. Aquel hombre de barba gris y de cara amable tenía poco que contar. Responsable del Seminario en Europa, bien auxiliado por un equipo de profesionales, Georgas se encargaba de la selección de los becados –fellows-, realizando audiencias en las principales ciudades.

Peter Georgas

“Los candidatos de la Europa socialista,” declaró, “a falta de convocatorias públicas, se enteran de nuestras actividades a través de otros asistentes. El entramado burocrático de sus países no permite una resolución expeditiva, siendo frecuentes las cancelaciones de última hora por cuestiones de visado. En todos los casos, el  criterio de selección se basa en la potencial influencia en el campo administrativo, socio- político y cultural de los aspirantes. Estamos orgullosos de contar entre nuestros ex alumnos y ex profesores invitados a jefes de gobierno, embajadores, catedráticos de universidad y otras figuras prominentes del foro público.”

No resultaba difícil, sin embargo, predecir en aquellos momentos que alguno de los alumnos, cuya edad oscilaba en torno a los 35 o 40 años, llegaría a destacar en su día en su propio país o en los foros internacionales; todos los aspirantes, que ya ocupaban puestos específicos de la función pública, lógicamente habrían de seguir escalando en su carrera profesional.1 Entre los personajes que pasaron por el Seminario figuran Kofi Anan, Saul Bellow, Ralph Ellison, Jim Yong King, Margaret Mead,  Jean- Claude Trichet y James Dewey Watson.

Tiempo para la lectura

Ravel entre ordenadores

 Tenía la ligera sospecha de que la Sesión 212 (18 de abril a 1 de mayo de 1982) sobre “Literatura Americana Contemporánea”, que acababa de celebrarse, era la excusa cultural de otras sesiones más sustanciosas anunciadas para 1982: “Relaciones Europeo-Americanas”, “Política industrial y comercio internacional”, “Desarrollo, comunicación y cambio social”, ”Migración laboral internacional”, “Crisis mundial en los sistemas de retribución de los jubilados”, “Derecho americano e instituciones legales”, “Relaciones entre organismos internacionales y decisiones nacionales de política exterior”, Tecnología y relaciones humanas”.

Un miércoles por la noche, se celebraba concierto en el Schloss: el Trio Amadé, con  el mecenazgo del ya fallecido banquero y político W. Randolph Burgess, combinó a Ravel entre Brahms y Mozart.

Actuación del Trío Amadé

“Desde que la banca anda de por medio, parece que todo se ha vuelto más prosaico. ¿Y Vd., viniendo de España, ¿no siente apego por la tradición?” Los ojos de Uta Attwood -encargada de alumnos- mostraron su asombro ante mi respuesta vacilante. También a mí me sorprendía la veneración por el pasado de esta sonriente y eficaz funcionaria austriaca que hablaba inglés con acento americano.

“Nuestro Seminario recibe ayuda de diversas compañías: American Express, Avon, Exxon, Ciba-Geigy, Ford., Rothschild, Honeywell, IBM, Omaha, Rockefeller, Shell, Andrew Mellon…” Uta me entregó la lista completa de bancos americanos y alemanes, fundaciones holandesas, belgas e italianas, ministerios diversos, agencias diversas, apoyo financiero árabe y británico; también la omnipresente USICA, la Agencia de Comunicaciones Internacionales de Estados Unidos, cuyas siglas bailan extrañamente.2

El arco del violinista dejó escapar un largo gemido. Ravel entre burócratas y ordenadores.

Programa de trabajo.

Esperaba una buena dosis de americanismo; por eso llevaba presta una frase de un portavoz del pensamiento radical norteamericano: “Cuando oigas a un hombre hablar de su amor a la patria, es señal de que busca una recompensa”. No tuve ocasión de lanzar el verbo envenenado del irreverente ensayista de Baltimore, Henry Louis Mencken. Los conferenciantes, que no tenían otra asignación económica que para gastos de viaje y estancia en el Schloss, fueron muy discretos. Theodore Gross, de la universidad de Pennsylvania, encarnaba la llaneza y el sentido común. Benjamin De Mott, de Amherst College, con su voz modulada y llena de acentos, habría sido capaz de mantener en vilo a un senado de zombis. Lemuel Johnson, originario de Sierra Leona y profesor de la universidad de Michigan, consiguió, después de intentarlo mil veces, que todos se apasionaran por The Woman Warrior. Memoirs of a Girlhood among Ghosts (1976) y China Men (1980), de Maxine Hong Kingston. Mohamed Sethom, de la universidad de Túnez, se mostró algo escéptico; errores burocráticos, de  los  que  dijo  no  era  responsable,  le  impidieron  organizar  debidamente su seminario. Kenzaburo Ohashi, de no ser por las interferencias fonéticas del japonés, habría llegado a los pliegues menos superficiales de los alumnos. Brigitte Scheer-Schäzler, profesora en Innsbruck, puso una nota culta e inteligente. El contrapunto lo dio Marc Pachter, de la Smithsonian Institution; especialista en biografías, tejió su maraña científica con la misma habilidad con que daría luego pasos de rock mientras se bebía una cerveza en la improvisada cantina del Schloss.

De izquierda a derecha, Gross, DeMott, Johnson, Sethom, Ohashi, Scheer Schäzler, Pachter

El horario de las distintas sesiones era uniforme y más que tolerable: desayuno a las ocho, conferencia a las nueve; a las diez y cuarto, café con pastas; a las once menos cuarto, discusión; a las doce y media, almuerzo; de dos a cinco y media, seminarios de trabajos; a las siete, cena. El resto del tiempo era para la biblioteca, cuyos estantes revelaban graves carencias, o para la colada, o para dormitar.

Seminario de trabajo

Al caer la tarde, los alumnos buscaban rincones donde intercambiar pareceres, especialmente apoyados  en la baranda del embarcadero del lago adyacente, el Leopoldskroner Weiher, ante la silueta inmutable del Untersberg.

Al fondo, el monte Untersberg

Un rincón para el descanso

Del este al oeste

Raras veces, en el transcurso de este seminario de literatura, se han echado a rodar patatas calientes; ni siquiera se han intentado polarizar las diferencias de opinión. Las vibraciones individuales de los 43 asistentes de 25 países se manifestarían fuera de la sala china, fuera de la estancia veneciana, lejos de las maderas crujientes de la biblioteca; tal vez al calor de la chimenea, en el sombrío hall junto a la entrada principal; o en el bierstube, el sótano del ping-pong, la cerveza, el vino austriaco y la recena con huevos escalfados-; o en el jardín italiano, frente al Untersberg de nieves verticales.

Massimo Bacigalupo y George Khairallah conversan junto al lago

A destacar la violencia oral de George Khairalah, representante de la Universidad Americana de Beirut. George era un genio, un insólito cocktail de vodka con Voltaire, Mark Twain, Nietzsche y Ambrose Bitter Bierce. Dormía tres horas sin que se viera afectado su talento; con un par de alusiones podía volverle a uno del revés. Una de sus antiguas alumnas, Mona Amyuni, editor de Tayeb Salih’s Season of Migration to the North: A Casebook (Beirut: American University of Beirut, 1985), recordaba en los años 80 el tremendo impacto que tuvo un joven professor libanés en moldear sus futuros estudios: “I had returned to college at the age of 28 and was auditing a course on twentieth-century European literature given by George Khairallah, a fresh graduate of Columbia University who had just returned to Beirut. He was such a brilliant teacher that I gradually took all his courses for credit.”3

Pathe matos4 – Bobadas.
La única sabia es la medusa.

George Khairalah

En sus noches de vigilia, George se paseaba, inquieto, al borde de la autoaniquilación. A veces se agitaba y aullaba en su delirium tremens; al despertar, buscaba a ciegas la botella de licor y mataba de un trago a sus fantasmas. Acaso  ahora su cuerpo siga bajo un montón de escombros, apuntando con su dedo índice a los tanques de Sión que arrasarían tres años después las calles de Beirut.

De Polonia llegaron dos Teresas: Teresa Bacz y Teresa La Delle. Si a éstas las envió Jaruzelski y su ejército de robots, poco hay que añadir: la fraternidad universal y la emancipación intelectual son toxinas que generan las dictaduras.

Izq. a derecha, Teresa Bacz y Teresa La Delle

A Mircea, el rumano que fumaba tabaco con olor a marijuana, se le escapan  graciosos chascarrillos sobre su glorioso régimen político.

Mircea Bucurescu

György Novak, sombrío, receloso, fino jugador de ping-pong, se negó a romper el cerco de acero que le rodeaba: Hungría estaba a un paso; quien deseara saber más, que se diese una vuelta por la capital imperial.5

György Novak

Jasna Perucic Nadarevic, de Yugoslavia, era sofisticada como una actriz de Broadway; su compatriota, Jerneja Petrič, parecía flotar en una nube; estaba escribiendo una tesis doctoral sobre eslovenos americanos.

Jasna Perucic Nadarevic. A la derecha, Jerneja Petrič, en la actualidad

Resulta apasionante ver sentados en la misma mesa a judíos y egipcios mientras la prensa hablaba de un cambio de soberanía en el Sinaí. Uno espera que se claven los tenedores y sólo oye un rumor palaciego, ecos que rebotan en las paredes de estuco del imponente comedor. Claro que entre ellos andaba el cairota Alkhedr Elkashif, a caballo entre la simplicidad y la santidad.

Alkhedr Elkashif

Y qué decir de Anargyros Heliotis, el griego impasible, con su pose de Cambridge, y de Ayse Dinçer, una turca elegante, atractiva y llena de pretensiones.6 De vez en cuando se oía hablar español con ceceo: era Peter Vasallo, ciudadano de Malta, una isla perdida en el Mediterráneo.

Anargyros Heliotis, Ayse Dinçer y Peter Vasallo

El ritmo del Seminario parecía un calco del que observó personalmente Matthiessen en 1947:

“One of the events that we staged for the fun of it was a reading of poetry from as many literatures as possible. It is a strange experience to listen to poems in languages of which you know hardly a word, but we wanted to hear what effect could be produced by the sound alone. We were handicapped by the fact that very few had brought along their own poets in their very sparse baggage. Even Max Reinhardt’s library fell short of Dutch and modern Greek.

 Since the Italians were among the best readers, we asked them to lead off, on the grounds that Italy is the mother of modero poetry in the vemacular. They put on a delicately modulated program of Leopardi’s ‘L’Infinito’ and the canto in The Divine Comedy about Paolo and Francesca. The Austrian aviator, who writes romantic lyrics in the style of a century ago, surprised me by the firmness with which he recited by heart Rilke’s ‘Autumn Day’ (‘Herr: es ist Zeit. Der Sommer war sehr gross’). The French poems were the least rewarding, since they were read by two lycée teachers who presented Hugo and Baudelaire in a tone that made them sound like important lessons to be learned.” (From de Heart of Europe, 1948)

Roberto Weber, cuya foto de presentación parecía haber salido de los archivos de la policía sobre las Brigadas Rojas, vino en moto desde Venecia.

 

Dos imágenes de Roberto Weber distanciadas en el tiempo

Una noche recita una poesía en el dialecto de Trieste:

Pin Penin valentin pena bianca mi quaranta
mi un mi dòi mi trèi mi quatro mi sinque mi sie mi sète mi òto buròto
stradèta comodèa– Pin Penin fureghin
perle e filo par inpirar e pètena par petenar
e po’ codini e nastrini e cordèa– le xe le comedie e i zoghessi de chèa
che jeri la jera putèa Pin Pidin
cossa gastu visto? ‘Sta piavoleta nua
‘sto corpesin ‘ste rosette ‘sta viola che te consola ‘sta pele lissa come sèa ‘sti pissigheti de rissi
‘sti oceti che te varda fissi e che sa dir “te vòi ben” ‘ste suchete ‘sta sfeseta–
le xe belesse da portar a nosse a nosse composte de chéa
che jeri la jera putéa Pin Penin valentin
o mio ben,
te serco inte’l fogo inte’l giasso te serco e no ghe riesso
te serco e no ghe la fasso, pan e dedin
polenta e nasin– chi me fa dormir chi me fa morir tuta pa’l me amor chi me fa tornar
coi baseti che ciùcia coi brasseti che struca co la camiseta più bèa–
le xe le voje i caprissi de chèa che jeri la jera putèa
Pin pidin valentin pan e vin o mio ben,
un giosso, solo un giosso, te serco inte’l masso
te serco fora dal masso
te serco te serco e indrio sbrisso, chi xe che me porta’l mio ben chi me descanta
chi me desgàtia chi me despìra pan e pidin polenta e nasin polenta e late
da le tetine mate da le tetine beate–
i xe zoghessi de la piavoleta le xe le nosse i caprissi de chèa
de chèa
che jeri la jera putèa.

Con ritmo de colegial, Roberto deshoja la cantilena londinese de Andrea Zanzotto. A su lado, Marina Morbiducci nota ardor en las mejillas; frente a ella está Tom Sutcliffe.

Marina Morbiducci en dos momentos distantes

Tom trabaja para la BBC. Joven, bien parecido, con un timbre de voz impresionante, ha vivido en Kenya, Nueva Zelanda, Sarawak (Borneo), Nigeria y Lesotho. De vez  en cuando escribe para el Times. “A saber qué hará dentro de veinte años”, pensaba yo en aquellos momentos. Pues en 2014 seguía envuelto en el más alto prestigio de la prensa británica.

Tom Sutcliffe

Su  compañero,  Glynne  Price,  ejecutivo  de  la  BBC-TV,  emitía  ondas  de  humor doméstico.

Glynne Price

Àngels Carabí, de la universidad de Bellaterra, recitaba con vehemencia una escena de Bodas de Sangre (versión castellana de una traducción inglesa).

Àngels Carabí

Se preparó una excursión dominical a Salzkammergut, la región de los lagos.

Valle de la región de Russbach am Pass Gschutt

 ¡Qué paisaje el austriaco! Casas envueltas en un manto verde y apacible, pueblos y caminos exageradamente limpios, casi asépticos: Wolfgangsee, Attersee, St. Gilgen, St. Wolfgang, Bad Ischl, Mondsee…

St Gilgen Rathaus

De izquierda a derecha, Peter Vasallo, Ayse Dinçer, Àngels Carabí y George Khairallah en la visita a Bad Ischl

Vecinos de la región de Salzkammergut, al salir de misa

La señora Sethom, en un mercadillo de Bad Ischl

Pero las inclemencias del tiempo parecían truncar la alegría de sus habitantes. Sólo  en una cervecería monumental, de regreso en Salzburgo, se oyó a un campesino tirolés echar unos gorgoritos.

Alrededores de Attersee

Leopold

Llega la despedida. El chef del Schloss, Herr Morteveille -raro nombre para cocinero- prepara un banquete en el lujoso comedor:

Weisswein Vorspeise
Gefüllte Hühnerbrust in Blatterteig Gemüse
Torte

A los postres siguen los brindis. Massimo Bacigalupo –cineasta, traductor de poesía, crítico literario- resoba una cita textual con voz pegajosa.

Massimo Bacigalupo

Responde Benjamin De Mott.  Karen Alkalay-Gut,  representante de Tel  Aviv, brinda a Johnson;

por él responde, desde el subconsciente, su admirada, Maxine Hong Kingston. Mircea Bucurescu brinda a Ohashi; a la luz de los candelabros, responde una sombra de ojos rasgados, llenando la estancia de reverencias. Ali Mohammed Salem, el dramaturgo egiptano de enorme corpulencia, alza su humanidad e inicia el brindis a Pachter:

Sisters and brothers… hermanas y hermanos…

¿Otra vez el chiste del camellero, que solía repetir mientras hacía sonar la algarabía de su música a cualquier hora?7 Michael Clarke, el guapo irlandés, brinda a Scheer- Schlazler.

Inesperadamente, Jorma Eronen -poeta finlandés- se levanta y brinda a Sethom: se hace un silencio sepulcral; su intervención no estaba prevista.

Jorma Eronen

Ranjiana Dikhit, de la India, la que nunca prueba la carne de buey por escrúpulos religiosos, brinda a Benjamin Gross.

Ranjiana Dikhit

Alguien brinda al cocinero. Suena otro brindis infortunado; y Peter Georgas, para deshacer el entuerto, brinda a todos: “Este es el mejor grupo que ha pasado por aquí…”.Lo de siempre. Después vendrá el baile: rock, twist, chachachá, hasta “Clavelitos” entre un vals y una mazurca. El corazón del Arzobispo, que descansa bajo una losa de la capilla contigua, debe latir furibundo…

Es tarde. Sobre el lago sopla una brisa gélida. Isabel Caldeira, de la universidad de Coimbra, nostálgica y dulce como un fado, se palpa el vientre; cuando nazca su hijo se llamará -estoy seguro de ello- Leopold.

Isabel Caldeira en 1983 y actualmente

Los asistentes al Seminario (abril-mayo de 1982)8

NOTAS

1 Por ejemplo, Ibrahim Mohamed Maghraby, cuyo curriculum vitae sería colosal.
2 Puede verse el informe del Presidente de 2012 en formato pdf en la siguiente página: http://www.salzburgglobal.org/fileadmin/user_upload/Documents/President_s_Report_2010_REDUCED.pdf
3 George fue autor de un libro de ensayo, The Aesthetic Imagination: A Study of Henry Adams (Columbia University, 1968) y dos de poemas, Academe. Poems and Epigrams (American University of Beirut, 1979), y The Making of Amercicans (1979), y murió unos años después, posiblemente de cirrosis.
4 “Learning by suffering”. “Pathé matos. Nonsense. The only wise one is the Gorgon”.
5 De Hungría tenía que asistir igualmente Odze Georgy (en húngaro el apellido precede al nombre), aunque no lo recuerdo. Odze adquirió, especialmente tras la caída del muro de Berlín, considerable reputación como escritor, traductor y diplomático.
6 De Ayse Dinçer solo he podido encontrar una referencia académica: “Loneliness or the Borderline Between Void and Society? The Dilemma of the American Indian Hero After the Second World War.” Revista Canaria de Estudios Ingleses, 13-14 abril 1987, págs. 29-34.
7 Una de las versioes del chiste del camello dice así: “There was a tour bus in Egypt that stopped in the middle of a town square. The tourists are all shopping at the little stands surrounding the square. One tourist looks at his watch, but it is broken, so he leans over to a local who is  squatted down next to his camel. ‘What time is it, sir?’ The local reaches out and softly cups the camel’s genitals in his hand, and raises them up and down. ‘It’s about 2:00’, he says. The tourist can’t believe what he just saw. He runs back to the bus, and sure enough, it is 2:00. He tells a few of the fellow tourists his story, ‘The man can tell the time by the weight of the camel’s genitals!’ One of the doubting tourists walks back to the local and asks him the time, the same thing happens! It is 2:05.p.m. He runs back to tell the story. Finally, the bus driver wants to know how it is done. He walks over and asks the local how he knows the time from the camel’s genitals. The local says: ‘Sit down here and grab the camel’s genitals.’ The farmer complied. ‘Now, lift them up in the air and look underneath them to the other side of the courtyard, where that clock is hanging on the wall.’”

8 El Seminario de Salzburgo fue el punto de partida para un considerable número de trabajos académicos por parte de algunos de sus participantes, que se centraron en las literatura de las minorías étnicas norteamericanas. Por mencionar unos pocos ejemplos, Àngels Carabí recogió la obra de la escritora africano americana Toni Morrison en Toni Morrison: búsqueda de una identidad afroamericana. Barcelona, 1988; y en “Escritoras negras norteamericanas: la obra de Toni Morrison”. Mujeres y Literatura. Eds. Àngels Carabí & Marta Segarra. Barcelona: PPU, 1994. 177-189. Poco después del Seminario, Ayse Dinçer participaba en la Revista Canarias de Estudios Ingleses 13-14 (Abril 1987, p. 29) con su trabajo “Loneliness or the Borderline Between Void and Society? The Dilemma of the American Indian Hero After the Second World War”. El autor de este artículo sobre el Seminario de Salzburgo de 1982 acudió como autor de una tesis doctoral, defendida en la Universidad de Salamanca en 1978, sobre el escritor Afroamericano Richard Wright. Posteriormente, mantuvo contacto con Frank Yerby y Chester Himes, a quienes entrevistó en Moraira y Madrid, respectivamente, y sobre los cuales publicó algunas referencias, al igual que hizo con Maxine Hong Kingston.
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