Desencuentro de culturas

Emilio García Gómez

Henrietta, la joven boliviana recién llegada de su país para atender a mi madre, preguntó camino de casa si la calzada que seguíamos era una carretera o una autopista. Su imagen de las autopistas era posiblemente los pasos elevados a distintos niveles que cruzan las ciudades en las películas norteamericanas. Los coches pasaban zumbando co­mo demonios. Henrietta se quedó perpleja al ver los cofres alargados que portaban algunos automóviles sobre el techo. Pasados unos días se atrevió a preguntar si en España se traslada a los muertos en la baca del coche.

Henrietta era una muchacha indígena con escasos estudios, ninguna cualificación para atender ancianos y afectada del síndrome del emigrante, soñando con su país, con su pueblo y su familia. Las circunstancias hicieron que conviviéramos breve tiempo bajo el mismo techo. Henrietta recibió instrucciones sobre cómo atender a mi madre dependiente y le pedi­mos que se sentara a comer junto a ella, con el resto de la familia. Henrietta desvió la mirada, evitan­do el contacto visual directo.

Me vino a la mente un amigo colombiano, residente en Estados Unidos. Hallándose con su esposa de vacaciones en Medellín, contrataron a una trabajadora para los quehaceres domésticos. Al invitarla mi amigo a sentarse democráticamente con ellos a la mesa, la esposa y la empleada se sintieron agraviadas porque, al ser tratadas como iguales, se abría hueco para el rumor y el escándalo en un país donde todos conocen su rol social. La pobre Henrietta debió sufrir parecido quebranto.

La siguiente ayuda de mi madre que, al poco tiempo, sustituyó a Henrietta, que debió encontrar otro empleo más gratificante, procedía de la costa colombiana. Águeda recibió similares instrucciones y, además, se le pidió continuidad. A una anciana, en su desorientación orgánica, no se le puede cambiar cada mes el apoyo que ha de recibir para su higiene, su alimentación, la toma de medicamentos y su relación social, complementaria al vínculo familiar.

Dos o tres días después, mi madre salía a desayunar con la cara triste y las lágrimas resbalando sobre sus mejillas, algo inhabitual en ella. Descubrí que Águeda la maltrataba. Al vestirla o desnudarla tiraba con violencia de su ropa; le daba órdenes a grandes voces; le negaba la comunicación en los ratos de inactividad. Exigí una explicación y su respuesta fue plantar en la mesa su equipaje mientras gritaba: “Me marcho. Ahí tiene mi bolsa para que compruebe que no le robo nada”. Al parecer, al despedirse ésa es la costumbre en su país. “Como debo tener corazón de perro”, pensé, sintiéndome culpable de la situación, “no entiendo los sentimientos de los gatos”. Muchas veces he lamentado no haber utilizado en aquel momento argumentos más adecuados que acusar a aquella mujer de desequilibrada y racista.

Otra colombiana llegó a casa por recomendación del párroco del lugar. Lucy era hermosa; había aprendido a cultivar su dulce voz, elegir sus apretados pantalones vaqueros, mostrar su espléndido escote. “Esa hembra es peligrosa en tu casa”, le advirtió una vecina a mi mujer. A mí me preocupaba su voluntad de atender adecuadamente a una nonagenaria discapacitada. Se mostró experta en pintarle las uñas y atenderla con una paciencia inagotable. Solía pedir dinero como anticipo a cuenta de su sueldo mensual hasta que llegó el momento de irse de vacaciones. Entonces pidió un préstamo de 3.000 €. Al cabo de dos meses sin reintegrarse a su trabajo y devolver el dinero, su puesto pasó a otras manos.

Contraté a una jubilada rusa, ex profesora de música y con una pensión de su gobierno de 60 € al mes. Natalia hablaba español con esfuerzo y no conocía ni el inglés ni el francés, que nos habrían facilitado la comunicación, pero entendió muy bien su cometido y entre todos logramos formar una comunidad que funcionaba perfectamente.

Por desgracia, un mes más tarde, murió mi madre. Logramos encontrarle a Natalia otra anciana a la que cuidar. En la nueva casa desarrollaba su labor geriátrica, tocaba el piano y daba clases de ruso. Pero el destino quiso que enfermara su propia madre. Natalia se vio obligada a regresar temporalmente a Rusia. Meses después, realizó un viaje relámpago a España para renovar su tarjeta de residencia antes de girar como un sputnik hasta las orillas del Volga. Allí sigue.

Nunca es tarde para describir las distancias o afinidades entre las culturas que supuestamente colapsan o sostienen nuestro universo. Los casos aquí narrados no tienen nada que ver con conjeturas tales como civilización, raza o lengua, sino con la sicología personal y social. No es cuestión de bolivianismo, colombianismo o rusismo. No es cosa de costumbres funerarias ni de genética cultural. Se trata de la naturaleza de la persona, la formación y oportunidades que recibe para ejercer su cometido en esta vida y su capacidad para adaptarse a los cambios.

Publicado en Levante-EMV el 31 de agosto de 2008

Una velada en Benicarló

Por Emilio García Gómez

Parroquia de San Bartolomé

Al llegar a Benicarló en plenas fiestas de agosto de 2017, me siento en una terraza de “la plaçeta” a tomarme una horchata para corregir los excesos de mi dieta durante mi visita a Aragón y Navarra. Mientras mi mujer –oriunda de la ciudad- recoge unas flores para homenajear a su familia fallecida y se reúne con sus entrañables amigas, observo con atención el lento deambular de las gentes de esta popular ciudad de veraneo. Hay muchas parejas de jóvenes y abuelos y muchachas envueltas en su hijab, una blusa que llega a las rodillas y un casto pantalón largo, acompañadas de sus amigas, sus chaperones y sus propios hijos, unos en cochecito y otros dando saltitos y parloteando en español y en árabe de Al-Magrib. Todos pasean inadvertidos, muy lejos del caos y el estruendo de los acontecimientos de Cataluña.

Mi smartphone me avisa de la disponibilidad de conexiones wifi: Ahmed 1, Mohamed WIFI. ¿Quién habrá detrás de ellas? Busco en Google el teléfono del cementerio de Benicarló y me contesta un hombre con acento extranjero: “No, esto no es el cementerio; yo soy marroquí.” “Disculpe, pero este número es el que he encontrado en internet…” “Sí, me llama mucha gente.” “Pues intente que lo corrijan.” No espero y contacto con Google para indicar el error. Un minuto después, recibo la respuesta con la rectificación.

Mausoleos en el cementerio de Benicarló

Al anochecer, las familias benicarlandas y marroquíes ocupan los asientos y las aceras del centro, refrescando la imagen que conservo de los pueblos de España en los años 50, cuando la gente salía los días festivos a pasear por la carretera. “Diuen que natros parlem catalá” me dice un vecino con gruesa voz de tenor, viejo conocido de mi mujer “Però no es lo mateix”. Pues no anda descaminado, pienso. Para mi interlocutor, el valenciano respecto del catalán debe ser el equivalente del extremeño al castellano o el mirandés al astur-leonés, con identidad propia. Menéndez Pidal dio su versión del idioma español en sus primeros tiempos intentando resolver algunas incógnitas sobre la variación y dispersión dialectal en la Península Ibérica. No está mal releerlo para suavizar las actuales tensiones lingüísticas.

Benicarló fue centro de acogida de algunas familias de origen anglo-irlandés y alemán, punto de concentración de la burguesía industrial (Fontcuberta y sus inmensos talleres textiles; Romero y sus chocolates; Palau y sus muebles; Guttmann-Goldberger-Klein y sus destilerías), comerciante (MacDonnell, Mac Grath, O’Connor, Terry, White, ágiles exportadores de vino a Inglaterra desde el siglo XVIII, siguiendo una larga tradición que se remonta al siglo XV) y de la nobleza (recordemos a la familia Colón de Carvajal, descendientes del descubridor de América). Una lápida sobre el suelo del cementerio recuerda a su triste huésped: “Aquí yace Juana White. Murió el 23 diciembre 1810 a los 26 años de edad. RIP”.

La rama de los White que llegó a Benicarló procedía de Cádiz, como puede leerse en el siguiente escrito de Enrique O´Connor y Miquel, que describe el paso y presencia de las familias angloirlandesas en Benicarló (Benicarló Actual, Año VI, Núm. 57, de febrero de 1976, pág. 4):

“Conviene señalar la importancia que la Región Valenciana tuvo en la presencia de Irlandeses en España. Los apellidos White, O’Gorman, MacDonnell, MacCraig, O’Connor, Trenor, Tcrry y Lacy están intlmamente ligados a dicha Región.
Tal vez un centro de gran importancia fue Benicarló. La calidad de sus vinos motivó la presencia de dichas familias, a fin de promover su exportación y los primeros almacenes para su almacenamiento y subsiguiente envío fueron construidos por ellos.

Como pioneros de tal menester figuran los White. Los White eran Irlandeses, aunque de origen inglés, y en su escudo, con bordura de armiños, figura el leopardo de oro sobre fondo de gules y las rosas rojas de la Casa de Láncaster, demuestra su relación con los Reyes de Inglaterra. James White y Hamllton pasó a Irlanda cuando Jacobo I, estableciéndose en el Condado de Wesford [Wexford]. De aquí partirian a España, una rama a Cádiz -de esta procede el célebre Blanco White- y otra a Benicarló, es posible que fuera una rama de la de Cádiz. En una capilla antigua que hay en Benicarló hay unos enterramientos de los White, y en las losas funerarias hay una muy interesante, en la que figura Margarita Terry, esposa de J. M. White, hija de Diego, fallecida en 1792, y que dice desciende del Condado de ……………, aquí está borrado por el cemento. Hay otra losa de Dorotea Vage, mujer de Patrick White, fallecida en 1771, en ambas figuran los escudos de Terry y Vage. En Burriana existe todavía la casa de los White, en la que figura su escudo. Más adelante entroncarían con los O’Connor.

Los MacDonnell, procedentes del Ulster, llegaron también a Benicarló unos años más tarde, construyen unos grandes almacenes y bodegas para el vino. Tanto los MacDonnell como los O’Donnell proceden del mismo tronco, uno de los reyes de Irlanda, descendiente de Niall el Grande, en el escudo de los MacDonnell figura al igual que el de los O’Donnell el brazo con la cruz potenciada y, además, en los primeros, el pez de los O’Neille, su divisa era “Siempre a punto”. Estos MacDonnell adquieren grandes fincas y terrenos, algunos cuando la desamortización, así como cuadros, etc. La última MacDonnell fue Carolina, esposa de Eduardo Huby, hija natural de Robert y de una valenciana, que con el fallecimiento de su hijo se extingu en España tal apellido. A raíz de encontrarse Robert MacDonnell sin nadie que continuara su negocio, se dirige a sus corresponsales en Alicante, los O’Gorman para que le recomienden a alguien que se haga cargo del negocio. Entonces éstos llaman a sus sobrinos que viven en Irlanda, en el Condado de Clare. Son dos hermanos, Diego y Juan, los que vienen, estableciendo el primero en Benicarló, donde se hace cargo del almacén de MacDonnell. Éste, poco antes de morir, le comunica la existencia de una hija natural, que está internada en un colegio en Burdeos.

De la familia O’Gorman, de Alicante, era Guillermina, que fue la mujer de Ramón de Campoamor. Diego O’Connor y O’Gorman contrae matrimonio en Benicarló con una White, descendiente del matrimonio White y Terry. En su calidad de
Cónsul de Inglaterra, ya que entonces Irlanda era dominio inglés, ejerció el derecho de asilo cuando la guerra carlista, y tuvo un allercado con el General Cabrera. que tuvo que claudicar en sus pretensiones cuando el sitio de Vinaroz.
Otro descendiente del matrimonio White-Terry, Llano y White contrajo matrimonio con Elena Trénor y Bucelli, hija del plrimer Trénor, que fue Valencia y que no dejaron descendencia. El primer Trénor fue Tomás Tray nor y Kealing, que vino a principios del siglo XIX.

Con estos datos trato de resaltar la importancia que en lo referente a la inmigración irlandesa tuvo la Región Valenciana, y al mismo tiempo la interrelación entre estas familias por lazos de parentesco. Hay que tener en cuenta la proliferación de sus hijos que lo fueron en gran número, aparte de la longevidad de los White, que me han permitido por tradición oral recoger dátos. La guerra civil destruyó muchos registros, en los que, con mayor certeza, se hubieran podido recopilar.

Hay un dato incógnito que agradecerla a la familia Terry pudiera aclarar y es la relación en!re ellos y el Diego padre de Margarita, la que reposa e Benicarló.”

Fábrica de Fontcuberta (transcrito como Foncuberta) en el programa de fiestas de 1944

Antigua entrada a la fábrica de Chocolates Romero

En el cementerio de Benicarló aún se conservan antiguas lápidas funerarias que permanecen como testigos de la presencia anglo irlandesa y germánica y de familias prominentes en la ciudad. Reproducimos las transcripciones de algunas de ellas:

Aquí yacen la Sta. Dª Tere
sa Borrás
Fluvia,
que falleció el día
7 de febº 1834
y el MYS Fre
Don Jaime Bor
rás y Fluvia
Cavallero Profeso de la
Orden Militar de S.Juan
de Jerusalén, Comendador
de Mirambel,
Murió el 9 de Feb.
de 1834
Requiescant INP

AQUI DESCANSAN
Dª CAROLINA MACDONNELL
y su hija
ANGELA HUBY
Murió la 1ª el 11 de Agosto
de 1852 á los 29 a-
ños de edad, y la 2ª el 11 de
Setiembre, dejando un marido
desconsolado
Vengan poetas a contar la historia
De la que todo cuanto es bueno fue
Canten querubes sobre su –
Solo llorar sobre esta tumba sé

AQUÍ YACEN
Dª ROSA COMPTE
MURIO EL 1º DE
NOVIEMBRE DEL AÑO 1821
DE EDAD 44 AÑOS
ANTº OLLER
FALLECIÓ EL 4
DE OCTUBRE DEL
AÑO 1843
DE EDAD 69 AÑOS
CONSORTES
LES SEA LA
TIERRA
LEVE

AQUÍ YACE

JUANA WHITE
MURIÓ EL 22 DICIEMBRE
1840
A LOS 26 AÑOS DE EDAD
RYP

Mausoleo de Carlos  Ganzenmüller Hinrichs y familia

La tierra cubrirá
las mil danzas
que los hombres
vivieron en el mundo
un libro confesó
lo más profundo
de nuestra vida
al dios de la esperanza.
los hombres escribimos
nuestra vida
en el espejo nítido
del alma.
sólo por dios
su letra es conocida
y él nos dará
los fuegos
o la calma
C.G.R.

El ilustrado, humanista y pintor de Bejís (Castellón) Antonio Ponz Piquer (1725-1792), en su extenso Viage de España [18 volúmenes] -Madrid: Joachin Ibarra, 1776- incluyó una somera descripción de Benicarló:

Es Villa muy grande-, no sé si tanto como me informaron, de mil vecinos, inmediata al mar. Se andan las cinco horas por un valle entre las sierras ya expresadas. La de mano derecha perteneciente á la costa marítima, viene á fenecer en la Villa de Peñíscola, distante de Benicarló una legua. Se queda á la mano derecha en este camino la Aldea que llaman de la Magdalena, y un castillo en lo alto, y la citada Villa de Peñíscola […] La situación de Benicarló es en una llanura bien cultivada, al modo de la Plana. De su vino se hace gran comercio, extrayéndolo por el mar para diferentes Reynos de Europa. Es de notar, que desde el término de Castelló no se encuentra hasta aquí rio ninguno, ni aguas corrientes, y sin embargo suple el ingenio la falta de aquellas, procurándose los moradores los regalos de las huertas, y demás cosechas que piden riego, con norias, y pozos, de que hay muchos millares. Toda esta costa abunda también de los pescados del mar, y no carece de todo género de comestibles.

La Iglesia Parroquial de Benicarló, al modo de la de Alcalá de Gibert, es muy grande, y de tres naves con suntuosa portada; pero en extremo ridicula, aunque muy costosa: tiene columnas salomónicas en sus dos cuerpos, y una porción de estatuas, todo executado en la edad corriente sin buena dirección por su desgracia. Con estos gastos, y el que habrá causado la altísima torre adjunta á la Iglesia, ¡que bellas cosas hubiera hecho un buen Arquitecto! No hubo lugar de registrar la Iglesia por dentro, sino casi al anochecer, y me pareció bien el retablo mayor antiguo, al modo del referido de Alcalá. Hay Convento de Religiosos.

Antonio Ponz, autorretrato (1774)

Hay casas elegantes que conservan bajo llave parte de la historia de España, como el chalet que dicen “de los Roig”, que acogió temporalmente a Manuel de Azaña, quien, en una breve estancia, dio inicio a su formidable ensayo “La velada en Benicarló”.

Chalet de los Roig

Y la masía del Marqués de Benicarló, o “Torre del Olvido”, donde, al parecer, se alojó la amante de un Borbón. Queda en pie y a disposición de los visitantes el palacete del Marqués de Benicarló, Juan San Millán Miguel, asesinado durante la Guerra Civil, requisado por el mando del ejército republicano y devuelto después a sus legítimos dueños. Además del Magatzem de la Mar, donde se apilaban barriles del reputado carlón desde 1757, permanece restaurada la casa de la Baronesa (hoy Ayuntamiento) y la Casa Bosch, de un recargado modernismo.

Palacete del Marqués de Benicarló. Debajo, “Casa Bosch”

El músico catalán residente en Sevilla Pedro de Rabassa -1683-1767- reprodujo una copla en la que no podía faltar el vino carlón, muy conocido en su época:

Niño mio, yo estoy enfadado / esta Noche, que nace tu Sol, / que en igual de beber de tus luzes / beben todos muy de otro licor / Te llama su amor / que su cielo dexa / devota una Vieja, / que viene a Maytines, / y los Cherubines / afirma que ha visto, / y es que anduvo listo / el vino carlon.” (Letras de los villancicos que se cantaron en los solemnes maytines del Sagrado Nacimiento de Nuestro Redemptor Jesu-Christo en la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarchal de Sevilla. Sevilla, 1724-1742).

El diplomático y también escritor argentino Hilario Ascasubi -1807-1875-, gran descriptor de la vida gaucha, describió el almuerzo de su costumbre:

—Vamos a ver, pues, patrón: para principiar, le pido que nos haga por favor, una fritada de güevos con chorizos y jamón: luego, un costillar de adobo, pan blanco, vino carlón, aceitunas, dos chicholos, queso fresco… y… . Se acabó.” (Santos Vega o Los mellizos de la flor: rasgos dramáticos de la vida del gaucho en las campañas y praderas de la República Argentina (1778 a 1808). Buenos Aires: Casa Vaccaro, 1919).

Y el literato, publicista, historiador, costumbrista y editor bonaerense Vicente G. Quesada (nome de plume Víctor Gálvez),-1830-1913- hablaba jocosamente del vino carlón:

Así no es de sorprenderse que el vino europeo que se consumía en las provincias mediterráneas, fuese malo, y que de una pipa de vino carlón legítimo, hicieran doce los pulperos y almaceneros, echando agua, pasas y campeche, y vendiendo en vez de vino, un brevaje fantástico, detestable y dañoso.” (En Memorias de un viejo: escenas de costumbres de la República Argentina . Buenos Aires, Jacobo Peuser 1888).

Al caer la noche en Benicarló, se celebra un pasacalle, un desfile de la elegancia más propio de una ciudad cortesana. Las familias se hacen sitio a codazos para ver a sus hijas y nietas vestidas con sus mejores trajes, del brazo de hombres y mozos sofocados por la corbata. Ésta ha sido, y sigue siendo, Benicarló, actualmente la meca, si no del vino carlón y la industria, sí del marisco -especialmente las galeras- y la alcachofa.

Pasacalles de fiesta al anochecer

Agosto de 2017

El Seminario de Salzburgo

Por Emilio García Gómez

Antiguo grabado del Schloss Leopoldskron. Fuente: Universität Salzburg

La otra cara de Salzburgo

En 1982 se cumplían 35 años de la creación del Seminario de Estudios Americanos en la ciudad austriaca de Salzburgo. Esta singular Fundación, prácticamente desconocida aun en ámbitos universitarios norteamericanos, inició sus actividades en 1947, ofreciendo ininterrumpidamente cursos especializados a investigadores de todo el mundo.

Las distintas sesiones se han venido celebrando en el Schloss Leopoldskron, palacio rococó construido a orillas de un lago a mediados del s. XVIII por el Arzobispo Leopold Anton Freiherr von Firmian (1679-1744), que se destacó, además de por su amor a las artes, por expulsar de la diócesis a 22.000 protestantes, lo que causó cuantiosos perjuicios a la economía de la ciudad.

El Arzobispo Leopold Anton Freiherr von Firmian (1679-1744)

Sucesivamente el Schloss fue destinado a hotel y a residencia de Luis I de Baviera, ilustre amante de una aventurera irlandesa, Maria Dolores Eliza Rosanna Gilbert, nacida en Limerick y más conocida por su nombre artístico Lola Montez y por su insaciable apetito por los hombres, a quienes pronto abandonaba.

Lola Montez, por Joseph Karl Stieler-1847

En 1918, el edificio fue adquirido por el actor y director de teatro Max Reinhardt, que reformó su interior mediante la adición de una sala veneciana recubierta de espejos y dorados, y de una biblioteca, a imitación de la Stiftsbibliothek de la abadía suiza de St. Gallen.

Biblioteca del palacio Leopoldskron

Los nazis confiscaron el edificio durante la Segunda Guerra Mundial con la excusa de ser propiedad de un judío. Una bomba arrojada por la aviación americana causó ligeros desperfectos en la fachada sur.

En 1947, por extraños avatares de la vida, ex-alumnos de la universidad de Harvard alquilaron el Schloss, junto con el edificio adyacente -el Meierhof, o aposentos del administrador- para promover el estudio de lo americano, previendo la articulación  de una corriente librepensadora mediante la participación y la comunicación.

Meierhof

Al terminar la II Guerra Mundial, los tres fundadores del Seminario de Estudios Americanos de Salzburgo – un licenciado universitario austríaco,  Clemens Heller, el estudiante Richard Campbell y un joven profesor inglés, Scott Elledge- convirtieron el palacio y sus anexos en “el plan Marshall de la mente”, adonde acudirían ciudadanos y pensadores de los dos mundos opuestos de la época: el comunista y el no comunista.

Los tres fundadores del Seminario de Salzburgo en 1947: Clemens Heller, Richard Campbell y Scott Elledge

En 1965 se rodaron allí algunas escenas de la película The Sound of Music.

Julie Andrews de espaldas al lago

Actualmente, en 2014, el edificio principal se ha convertido en un hotel de lujo, aunque el resto del equipamiento se ofrece para la organización de encuentros político-culturales.

Fachada del palacio Leopoldskron

Schloss Leopoldskron junto al lago Leopoldskroner Weiher. Al fondo, el castillo de Salzburgo

Es posible que el Seminario de Salzburgo –que hoy se llama “Seminario Global de Salzburgo”- haya perdido la lozanía de sus primeras etapas. Releyendo las memorias del infortunado F.O. Matthiessen, antiguo huésped del Schloss y pionero del Seminario, donde dio unas conferencias (V. From the Heart of Europe, 1948), resulta fácil deducir que las otrora apasionadas defensas de lo propio, lo de casa, se han convertido en pequeñas escaramuzas intelectuales, superadas prontamente por ese espíritu de sportmanship  de cuño anglosajón. Matthiessen abogó por la hibridación de las culturas, alertando a su país de la inercia imperante y abogando por un socialismo democrático.

Francis Otto Matthiessen

Selección de aspirantes

No hay nación tan expuesta al escrutinio público como los Estados Unidos. Excepto en épocas críticas, sacudidas por ramalazos patrióticos y xenófobos, la historia contemporánea de ese país es una verdadera constelación de actitudes contrarias al hermetismo administrativo.

Pero la proverbial libertad de hurgar en los asuntos públicos se ve frenada por el derecho -raramente vulnerado- a proteger las fuentes de información. Durante mi estancia en el Schloss en abril de 1982, solicité una entrevista con el director del Seminario, Peter Georgas, ex combatiente de la guerra de Corea. Aquel hombre de barba gris y de cara amable tenía poco que contar. Responsable del Seminario en Europa, bien auxiliado por un equipo de profesionales, Georgas se encargaba de la selección de los becados –fellows-, realizando audiencias en las principales ciudades.

Peter Georgas

“Los candidatos de la Europa socialista,” declaró, “a falta de convocatorias públicas, se enteran de nuestras actividades a través de otros asistentes. El entramado burocrático de sus países no permite una resolución expeditiva, siendo frecuentes las cancelaciones de última hora por cuestiones de visado. En todos los casos, el  criterio de selección se basa en la potencial influencia en el campo administrativo, socio- político y cultural de los aspirantes. Estamos orgullosos de contar entre nuestros ex alumnos y ex profesores invitados a jefes de gobierno, embajadores, catedráticos de universidad y otras figuras prominentes del foro público.”

No resultaba difícil, sin embargo, predecir en aquellos momentos que alguno de los alumnos, cuya edad oscilaba en torno a los 35 o 40 años, llegaría a destacar en su día en su propio país o en los foros internacionales; todos los aspirantes, que ya ocupaban puestos específicos de la función pública, lógicamente habrían de seguir escalando en su carrera profesional.1 Entre los personajes que pasaron por el Seminario figuran Kofi Anan, Saul Bellow, Ralph Ellison, Jim Yong King, Margaret Mead,  Jean- Claude Trichet y James Dewey Watson.

Tiempo para la lectura

Ravel entre ordenadores

 Tenía la ligera sospecha de que la Sesión 212 (18 de abril a 1 de mayo de 1982) sobre “Literatura Americana Contemporánea”, que acababa de celebrarse, era la excusa cultural de otras sesiones más sustanciosas anunciadas para 1982: “Relaciones Europeo-Americanas”, “Política industrial y comercio internacional”, “Desarrollo, comunicación y cambio social”, ”Migración laboral internacional”, “Crisis mundial en los sistemas de retribución de los jubilados”, “Derecho americano e instituciones legales”, “Relaciones entre organismos internacionales y decisiones nacionales de política exterior”, Tecnología y relaciones humanas”.

Un miércoles por la noche, se celebraba concierto en el Schloss: el Trio Amadé, con  el mecenazgo del ya fallecido banquero y político W. Randolph Burgess, combinó a Ravel entre Brahms y Mozart.

Actuación del Trío Amadé

“Desde que la banca anda de por medio, parece que todo se ha vuelto más prosaico. ¿Y Vd., viniendo de España, ¿no siente apego por la tradición?” Los ojos de Uta Attwood -encargada de alumnos- mostraron su asombro ante mi respuesta vacilante. También a mí me sorprendía la veneración por el pasado de esta sonriente y eficaz funcionaria austriaca que hablaba inglés con acento americano.

“Nuestro Seminario recibe ayuda de diversas compañías: American Express, Avon, Exxon, Ciba-Geigy, Ford., Rothschild, Honeywell, IBM, Omaha, Rockefeller, Shell, Andrew Mellon…” Uta me entregó la lista completa de bancos americanos y alemanes, fundaciones holandesas, belgas e italianas, ministerios diversos, agencias diversas, apoyo financiero árabe y británico; también la omnipresente USICA, la Agencia de Comunicaciones Internacionales de Estados Unidos, cuyas siglas bailan extrañamente.2

El arco del violinista dejó escapar un largo gemido. Ravel entre burócratas y ordenadores.

Programa de trabajo.

Esperaba una buena dosis de americanismo; por eso llevaba presta una frase de un portavoz del pensamiento radical norteamericano: “Cuando oigas a un hombre hablar de su amor a la patria, es señal de que busca una recompensa”. No tuve ocasión de lanzar el verbo envenenado del irreverente ensayista de Baltimore, Henry Louis Mencken. Los conferenciantes, que no tenían otra asignación económica que para gastos de viaje y estancia en el Schloss, fueron muy discretos. Theodore Gross, de la universidad de Pennsylvania, encarnaba la llaneza y el sentido común. Benjamin De Mott, de Amherst College, con su voz modulada y llena de acentos, habría sido capaz de mantener en vilo a un senado de zombis. Lemuel Johnson, originario de Sierra Leona y profesor de la universidad de Michigan, consiguió, después de intentarlo mil veces, que todos se apasionaran por The Woman Warrior. Memoirs of a Girlhood among Ghosts (1976) y China Men (1980), de Maxine Hong Kingston. Mohamed Sethom, de la universidad de Túnez, se mostró algo escéptico; errores burocráticos, de  los  que  dijo  no  era  responsable,  le  impidieron  organizar  debidamente su seminario. Kenzaburo Ohashi, de no ser por las interferencias fonéticas del japonés, habría llegado a los pliegues menos superficiales de los alumnos. Brigitte Scheer-Schäzler, profesora en Innsbruck, puso una nota culta e inteligente. El contrapunto lo dio Marc Pachter, de la Smithsonian Institution; especialista en biografías, tejió su maraña científica con la misma habilidad con que daría luego pasos de rock mientras se bebía una cerveza en la improvisada cantina del Schloss.

De izquierda a derecha, Gross, DeMott, Johnson, Sethom, Ohashi, Scheer Schäzler, Pachter

El horario de las distintas sesiones era uniforme y más que tolerable: desayuno a las ocho, conferencia a las nueve; a las diez y cuarto, café con pastas; a las once menos cuarto, discusión; a las doce y media, almuerzo; de dos a cinco y media, seminarios de trabajos; a las siete, cena. El resto del tiempo era para la biblioteca, cuyos estantes revelaban graves carencias, o para la colada, o para dormitar.

Seminario de trabajo

Al caer la tarde, los alumnos buscaban rincones donde intercambiar pareceres, especialmente apoyados  en la baranda del embarcadero del lago adyacente, el Leopoldskroner Weiher, ante la silueta inmutable del Untersberg.

Al fondo, el monte Untersberg

Un rincón para el descanso

Del este al oeste

Raras veces, en el transcurso de este seminario de literatura, se han echado a rodar patatas calientes; ni siquiera se han intentado polarizar las diferencias de opinión. Las vibraciones individuales de los 43 asistentes de 25 países se manifestarían fuera de la sala china, fuera de la estancia veneciana, lejos de las maderas crujientes de la biblioteca; tal vez al calor de la chimenea, en el sombrío hall junto a la entrada principal; o en el bierstube, el sótano del ping-pong, la cerveza, el vino austriaco y la recena con huevos escalfados-; o en el jardín italiano, frente al Untersberg de nieves verticales.

Massimo Bacigalupo y George Khairallah conversan junto al lago

A destacar la violencia oral de George Khairallah, representante de la Universidad Americana de Beirut. George era un genio, un insólito cocktail de vodka con Voltaire, Mark Twain, Nietzsche y Ambrose Bitter Bierce. Dormía tres horas sin que se viera afectado su talento; con un par de alusiones podía volverle a uno del revés. Una de sus antiguas alumnas, Mona Amyuni, editor de Tayeb Salih’s Season of Migration to the North: A Casebook (Beirut: American University of Beirut, 1985), recordaba en los años 80 el tremendo impacto que tuvo un joven professor libanés en moldear sus futuros estudios: “I had returned to college at the age of 28 and was auditing a course on twentieth-century European literature given by George Khairallah, a fresh graduate of Columbia University who had just returned to Beirut. He was such a brilliant teacher that I gradually took all his courses for credit.”3

Pathe matos4 – Bobadas.
La única sabia es la medusa.

George Khairalah

En sus noches de vigilia, George se paseaba, inquieto, al borde de la autoaniquilación. A veces se agitaba y aullaba en su delirium tremens; al despertar, buscaba a ciegas la botella de licor y mataba de un trago a sus fantasmas. Acaso  ahora su cuerpo siga bajo un montón de escombros, apuntando con su dedo índice a los tanques de Sión que arrasarían tres años después las calles de Beirut.

De Polonia llegaron dos Teresas: Teresa Bacz y Teresa La Delle. Si a éstas las envió Jaruzelski y su ejército de robots, poco hay que añadir: la fraternidad universal y la emancipación intelectual son toxinas que generan las dictaduras.

Izq. a derecha, Teresa Bacz y Teresa La Delle

A Mircea, el rumano que fumaba tabaco con olor a marijuana, se le escapan  graciosos chascarrillos sobre su glorioso régimen político.

Mircea Bucurescu

György Novak, sombrío, receloso, fino jugador de ping-pong, se negó a romper el cerco de acero que le rodeaba: Hungría estaba a un paso; quien deseara saber más, que se diese una vuelta por la capital imperial.5

György Novak

Jasna Perucic Nadarevic, de Yugoslavia, era sofisticada como una actriz de Broadway; su compatriota, Jerneja Petrič, parecía flotar en una nube; estaba escribiendo una tesis doctoral sobre eslovenos americanos.

Jasna Perucic Nadarevic. A la derecha, Jerneja Petrič, en la actualidad

Resulta apasionante ver sentados en la misma mesa a judíos y egipcios mientras la prensa hablaba de un cambio de soberanía en el Sinaí. Uno espera que se claven los tenedores y sólo oye un rumor palaciego, ecos que rebotan en las paredes de estuco del imponente comedor. Claro que entre ellos andaba el cairota Alkhedr Elkashif, a caballo entre la simplicidad y la santidad.

Alkhedr Elkashif

Y qué decir de Anargyros Heliotis, el griego impasible, con su pose de Cambridge, y de Ayse Dinçer, una turca elegante, atractiva y llena de pretensiones.6 De vez en cuando se oía hablar español con ceceo: era Peter Vasallo, ciudadano de Malta, una isla perdida en el Mediterráneo.

Anargyros Heliotis, Ayse Dinçer y Peter Vasallo

El ritmo del Seminario parecía un calco del que observó personalmente Matthiessen en 1947:

“One of the events that we staged for the fun of it was a reading of poetry from as many literatures as possible. It is a strange experience to listen to poems in languages of which you know hardly a word, but we wanted to hear what effect could be produced by the sound alone. We were handicapped by the fact that very few had brought along their own poets in their very sparse baggage. Even Max Reinhardt’s library fell short of Dutch and modern Greek.

 Since the Italians were among the best readers, we asked them to lead off, on the grounds that Italy is the mother of modero poetry in the vemacular. They put on a delicately modulated program of Leopardi’s ‘L’Infinito’ and the canto in The Divine Comedy about Paolo and Francesca. The Austrian aviator, who writes romantic lyrics in the style of a century ago, surprised me by the firmness with which he recited by heart Rilke’s ‘Autumn Day’ (‘Herr: es ist Zeit. Der Sommer war sehr gross’). The French poems were the least rewarding, since they were read by two lycée teachers who presented Hugo and Baudelaire in a tone that made them sound like important lessons to be learned.” (From de Heart of Europe, 1948)

Roberto Weber, cuya foto de presentación parecía haber salido de los archivos de la policía sobre las Brigadas Rojas, vino en moto desde Venecia.

 

Dos imágenes de Roberto Weber distanciadas en el tiempo

Una noche recita una poesía en el dialecto de Trieste:

Pin Penin valentin pena bianca mi quaranta
mi un mi dòi mi trèi mi quatro mi sinque mi sie mi sète mi òto buròto
stradèta comodèa– Pin Penin fureghin
perle e filo par inpirar e pètena par petenar
e po’ codini e nastrini e cordèa– le xe le comedie e i zoghessi de chèa
che jeri la jera putèa Pin Pidin
cossa gastu visto? ‘Sta piavoleta nua
‘sto corpesin ‘ste rosette ‘sta viola che te consola ‘sta pele lissa come sèa ‘sti pissigheti de rissi
‘sti oceti che te varda fissi e che sa dir “te vòi ben” ‘ste suchete ‘sta sfeseta–
le xe belesse da portar a nosse a nosse composte de chéa
che jeri la jera putéa Pin Penin valentin
o mio ben,
te serco inte’l fogo inte’l giasso te serco e no ghe riesso
te serco e no ghe la fasso, pan e dedin
polenta e nasin– chi me fa dormir chi me fa morir tuta pa’l me amor chi me fa tornar
coi baseti che ciùcia coi brasseti che struca co la camiseta più bèa–
le xe le voje i caprissi de chèa che jeri la jera putèa
Pin pidin valentin pan e vin o mio ben,
un giosso, solo un giosso, te serco inte’l masso
te serco fora dal masso
te serco te serco e indrio sbrisso, chi xe che me porta’l mio ben chi me descanta
chi me desgàtia chi me despìra pan e pidin polenta e nasin polenta e late
da le tetine mate da le tetine beate–
i xe zoghessi de la piavoleta le xe le nosse i caprissi de chèa
de chèa
che jeri la jera putèa.

Con ritmo de colegial, Roberto deshoja la cantilena londinese de Andrea Zanzotto. A su lado, Marina Morbiducci nota ardor en las mejillas; frente a ella está Tom Sutcliffe.

Marina Morbiducci en dos momentos distantes

Tom trabaja para la BBC. Joven, bien parecido, con un timbre de voz impresionante, ha vivido en Kenya, Nueva Zelanda, Sarawak (Borneo), Nigeria y Lesotho. De vez  en cuando escribe para el Times. “A saber qué hará dentro de veinte años”, pensaba yo en aquellos momentos. Pues en 2014 seguía envuelto en el más alto prestigio de la prensa británica.

Tom Sutcliffe

Su  compañero,  Glynne  Price,  ejecutivo  de  la  BBC-TV,  emitía  ondas  de  humor doméstico.

Glynne Price

Àngels Carabí, de la universidad de Bellaterra, recitaba con vehemencia una escena de Bodas de Sangre (versión castellana de una traducción inglesa).

Àngels Carabí

Se preparó una excursión dominical a Salzkammergut, la región de los lagos.

Valle de la región de Russbach am Pass Gschutt

¡Qué paisaje el austriaco! Casas envueltas en un manto verde y apacible, pueblos y caminos exageradamente limpios, casi asépticos: Wolfgangsee, Attersee, St. Gilgen, St. Wolfgang, Bad Ischl, Mondsee…

St Gilgen Rathaus

De izquierda a derecha, Peter Vasallo, Ayse Dinçer, Àngels Carabí y George Khairallah en la visita a Bad Ischl

Vecinos de la región de Salzkammergut, al salir de misa

La señora Sethom, en un mercadillo de Bad Ischl

Pero las inclemencias del tiempo parecían truncar la alegría de sus habitantes. Sólo  en una cervecería monumental, de regreso en Salzburgo, se oyó a un campesino tirolés echar unos gorgoritos.

Alrededores de Attersee

Leopold

Llega la despedida. El chef del Schloss, Herr Morteveille -raro nombre para cocinero- prepara un banquete en el lujoso comedor:

Weisswein Vorspeise
Gefüllte Hühnerbrust in Blatterteig Gemüse
Torte

A los postres siguen los brindis. Massimo Bacigalupo –cineasta, traductor de poesía, crítico literario- resoba una cita textual con voz pegajosa.

Massimo Bacigalupo

Responde Benjamin De Mott.  Karen Alkalay-Gut,  representante de Tel  Aviv, brinda a Johnson;

por él responde, desde el subconsciente, su admirada, Maxine Hong Kingston. Mircea Bucurescu brinda a Ohashi; a la luz de los candelabros, responde una sombra de ojos rasgados, llenando la estancia de reverencias. Ali Mohammed Salem, el dramaturgo egiptano de enorme corpulencia, alza su humanidad e inicia el brindis a Pachter:

Sisters and brothers… hermanas y hermanos…

¿Otra vez el chiste del camellero, que solía repetir mientras hacía sonar la algarabía de su música a cualquier hora?7 Michael Clarke, el guapo irlandés, brinda a Scheer- Schlazler.

Inesperadamente, Jorma Eronen -poeta finlandés- se levanta y brinda a Sethom: se hace un silencio sepulcral; su intervención no estaba prevista.

Jorma Eronen

Ranjiana Dikhit, de la India, la que nunca prueba la carne de buey por escrúpulos religiosos, brinda a Benjamin Gross.

Ranjiana Dikhit

Alguien brinda al cocinero. Suena otro brindis infortunado; y Peter Georgas, para deshacer el entuerto, brinda a todos: “Este es el mejor grupo que ha pasado por aquí…” Lo de siempre. Después vendrá el baile: rock, twist, chachachá, hasta “Clavelitos” entre un vals y una mazurca. El corazón del Arzobispo, que descansa bajo una losa de la capilla contigua, debe latir furibundo…

Es tarde. Sobre el lago sopla una brisa gélida. Isabel Caldeira, de la universidad de Coimbra, nostálgica y dulce como un fado, se palpa el vientre; cuando nazca su hijo se llamará -estoy seguro de ello- Leopold.

Isabel Caldeira en 1983 y actualmente

Leopoldskroner Weiher (Lago Leopoldskron). Al fondo, el monte Untersberg

Los asistentes al Seminario (abril-mayo de 1982)8

NOTAS

1 Por ejemplo, Ibrahim Mohamed Maghraby, cuyo curriculum vitae sería colosal.
2 Puede verse el informe del Presidente de 2012 en formato pdf en la siguiente página: http://www.salzburgglobal.org/fileadmin/user_upload/Documents/President_s_Report_2010_REDUCED.pdf
3 George fue autor de un libro de ensayo, The Aesthetic Imagination: A Study of Henry Adams (Columbia University, 1968) y dos de poemas, Academe. Poems and Epigrams (American University of Beirut, 1979), y The Making of Americans (1979). Murió unos años después, posiblemente de cirrosis.
4 “Learning by suffering”. “Pathé matos. Nonsense. The only wise one is the Gorgon”.
5 De Hungría tenía que asistir igualmente Odze Georgy (en húngaro el apellido precede al nombre), aunque no lo recuerdo. Odze adquirió, especialmente tras la caída del muro de Berlín, considerable reputación como escritor, traductor y diplomático.
6 De Ayse Dinçer solo he podido encontrar una referencia académica: “Loneliness or the Borderline Between Void and Society? The Dilemma of the American Indian Hero After the Second World War.” Revista Canaria de Estudios Ingleses, 13-14 abril 1987, págs. 29-34.
7 Una de las versiones del chiste del camello dice así: “There was a tour bus in Egypt that stopped in the middle of a town square. The tourists are all shopping at the little stands surrounding the square. One tourist looks at his watch, but it is broken, so he leans over to a local who is  squatted down next to his camel. ‘What time is it, sir?’ The local reaches out and softly cups the camel’s genitals in his hand, and raises them up and down. ‘It’s about 2:00’, he says. The tourist can’t believe what he just saw. He runs back to the bus, and sure enough, it is 2:00. He tells a few of the fellow tourists his story, ‘The man can tell the time by the weight of the camel’s genitals!’ One of the doubting tourists walks back to the local and asks him the time, the same thing happens! It is 2:05.p.m. He runs back to tell the story. Finally, the bus driver wants to know how it is done. He walks over and asks the local how he knows the time from the camel’s genitals. The local says: ‘Sit down here and grab the camel’s genitals.’ The farmer complied. ‘Now, lift them up in the air and look underneath them to the other side of the courtyard, where that clock is hanging on the wall.’”

8 El Seminario de Salzburgo fue el punto de partida para un considerable número de trabajos académicos por parte de algunos de sus participantes, que se centraron en las literatura de las minorías étnicas norteamericanas. Por mencionar unos pocos ejemplos, Àngels Carabí recogió la obra de la escritora africano americana Toni Morrison en Toni Morrison: búsqueda de una identidad afroamericana. Barcelona, 1988; y en “Escritoras negras norteamericanas: la obra de Toni Morrison”. Mujeres y Literatura. Eds. Àngels Carabí & Marta Segarra. Barcelona: PPU, 1994. 177-189. Poco después del Seminario, Ayse Dinçer participaba en la Revista Canarias de Estudios Ingleses 13-14 (Abril 1987, p. 29) con su trabajo “Loneliness or the Borderline Between Void and Society? The Dilemma of the American Indian Hero After the Second World War”. El autor de este artículo sobre el Seminario de Salzburgo de 1982 acudió como autor de una tesis doctoral, defendida en la Universidad de Salamanca en 1978, sobre el escritor Afroamericano Richard Wright. Posteriormente, mantuvo contacto con Frank Yerby y Chester Himes, a quienes entrevistó en Moraira y Madrid, respectivamente, y sobre los cuales publicó algunas referencias, al igual que hizo con Maxine Hong Kingston.
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