Emilio García Gómez

 

Sociedad pluriétnica

 

Las estadísticas acerca de los movimientos migratorios en el estado español muestran un ligero estancamiento respecto del pasado, aunque el número de visitantes ilegales del Caribe, el Magreb y el Africa negra se ha multiplicado. Algunos creen que la inmigración conlleva la reunificación de las familias forasteras -esposas, hijos, parientes más próximos-, constituyendo una amenaza para el mantenimiento del nivel salarial y muy especialmente para la homogeneidad étnica y lingüística del país o de la comunidad autónoma afectada; el miedo a perder su identidad nacional les hace sentirse vejados cada vez que comprueban que el idioma, los hábitos familiares y sociales o el color de la piel de estas personas son distintos a los suyos, viéndose obligados -no sin cierta repugnancia- a ceder terreno a la presión de lenguas y costumbres menos permeables.

Sin embargo, la situación aquí no se aleja tanto de países como Estados Unidos, donde, en contra de lo que se piensa, y como prueba del proceso de asimilación al que están abocados, la mayoría de los residentes de habla hispana -legales o ilegales- aprende el idioma oficial, a la vez que retienen determinados lazos de lealtad respecto de su lengua familiar. Para ellos el inglés es la lengua de prestigio y tratan de disimular, en la medida de lo posible, sus modestos orígenes adoptando nuevos códigos sociolingüísticos.

Revisando el número de valencianos, catalanes, vascos y gallegos que hablaban su lengua hace un siglo y quienes lo hacen en el actual, no parece que se experimente un retroceso, como auguran ciertos autores y políticos pesimistas o como señalan las últimas estadísticas acerca de la preferencia lingüística de los jóvenes en Cataluña; nunca se han visto las escuelas tan llenas de alumnos, en virtud de la aplicación universal del derecho a la educación, que reciben clases de y en la lengua vernácula; ni tampoco se han oído y visto, tras la introducción de los medios audiovisuales complejos, tantas y tan extensas emisiones de radio y televisión en la lengua de la comunidad, por más que se acuse a los responsables de la comunicación audiovisual de hacer su trabajo con cicatería. El deseo de exclusividad lingüística, el movimiento de retorno a una sola lengua, esencialmente decimonónico, destaca por su efervescente resistencia al plurilingüismo, tal vez en contra de la inclinación natural de los hablantes a abrirse a las corrientes exteriores y aprovecharse de los beneficios comerciales y culturales que reportan los contactos inter-regionales e internacionales.

En regiones bilingües se observa una tendencia a la denominada asimilación pluralista, según la cual todos los grupos étnicos y lingüísticos tienen las mismas oportunidades de acceder al poder político y económico, pero ninguno de ellos adquiere el control total de la cultura comunitaria. Es decir, la identidad diferencial de las comunidades que configuran el país se mantiene e incluso se ve potenciada, al menos en teoría, por la Administración, si bien no en todos los lugares se reconoce como componente de un conjunto superior basado en el presente más que en las raíces históricas.

Nadie debería temer el cambio político y social si no es por miedo a perder una parcela de poder. El enclave de los Amish en Pennsylvania no impide el paso del tiempo y la mutación de las sociedades de su entorno, como tampoco se ve grandemente afectada la población alicantina de Jávea por el paulatino asentamiento de extranjeros. La expresión cruce de culturas, como sinónimo de mezcla de culturas, es visto por la escritora chinoamericana Gish Jen, autora de Typical American (1991) como una metáfora obsoleta que debe ser sustituída por otro mito, el de la diversidad. “Hoy”, declaraba en una entrevista aparecida en New Perspectives Quarterly (1991), “somos una nación de tribus; unidades diferenciales sin posibilidad de levantar un puente de unión entre ellas; hay que crear una nueva noción que reconozca nuestra diversidad."

Bajo esta perspectiva, nadie puede creer seriamente en el uniformismo etnolingüístico sin albergar también en su corazón sentimientos excluyentes y nativistas, aunque la fusión de comunidades dispares en torno a un proyecto político común siempre ofrece mayor garantía para su supervivencia que la insaciable acumulación de enfrentamientos estériles y regresivos.

 

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